Eleazar López Contreras (1883-1973)
y la creación de la sociedad bolivariana: Del cesarismo democrático a la
democracia evolutiva
Ramón Rivas Aguilar
Hasta cuando
los historiadores
Remueven los
escombros del pasado
Nada que decir en estos tiempos de complejidad e incertidumbre
La historia tiene
sentido sí es útil para la vida, para el futuro. Como dijo
el pensador alemán F. N. olvidar
el pasado es un requisito vital para no quedarse con
la historia monumental Y anticuaria
que tanto daño
moral ha ocasionado a la
Provincia Venezuela
Ramón Rivas Aguilar
El General Eleazar López Contreras fue la figura política que
más contribuyó al tránsito de la dictadura
a un régimen de legalidad en un
período histórico en el que se percibía una nueva conflagración mundial. Mantuvo el
temple vital para sortear con inteligencia, serenidad y sentido común la
profundización de un proceso de modernización que demandaba la sociedad
venezolana para abrirse hacia los caminos de la libertad. Fue un estadista a la
altura de las circunstancias históricas. Fue parte de la revolución
restauradora, liderada por Cipriano castro y Juan Vicente Gómez, quienes
pacificaron a un país que no dejó de guerrear a lo largo del siglo pasado.
Ellos, crearon el Estado moderno, liquidaron el caudillismo y propiciaron un
marco institucional que dio paz y seguridad
y garantía al capital
internacional para promover la riqueza publica del país. El petróleo aceleró
ese proceso de modernización y provocó cambios fundamentales en la estructura
social y económica de la nación, creando una clase media y una clase
trabajadora. La ciudad poco a poco se imponía sobre el campo. Es importante
señalar que la semana del estudiante (1928) fue la expresión de esa sociedad
urbana que emergió silenciosamente de aquel mundo de origen agrarista, bucólico y telúrico. Lo
que perfiló la lucha política entre el viejo orden autoritario y un orden que
nació en esa generación de origen civilista y democrático. Pues bien, con la
muerte de Gómez, en el año de 1935, fue el General López Contreras quién asumió la responsabilidad política de impulsar
la transición de la tiranía a un régimen de legalidad lo que no significó una ruptura histórica tal
como se dio con la Revolución Francesa. No. Una transición pacífica y evolutiva
sin saltos y mutaciones. Supo manejar con inteligencia y habilidad el ritmo y
la dinámica que le imprimieron esas generaciones a la vida política nacional.
Controlaba el poder del Estado y del gobierno para llevar con éxito esa
transición, difícil y compleja. Recorrió el país como candidato presidencial y
fue elegido el 19 de abril de 1936 con elecciones de segundo y tercer grado. Su
lema clásico fue el de “Calma y cordura”. Fue inteligente y hábil para superar
el cesarismo democrático y empalmarlo con audacia con su célebre tesis de
Democracia evolutiva. Era el lema correcto para dirigir los destinos de una
nación, enfrentada entre viejas y nuevas ideas. Para él, era vital una reforma
educativa con el fin de formar verdaderos ciudadanos bajo la impronta sagrada
del pensamiento político del Libertador. Era el sendero para encaminar al país
hacia la unidad nacional; hacia el amor por la patria y hacia la constitución
de la venezolanidad sin ser contaminada por los peligros doctrinarios del
totalitarismo blanco y rojo. Fue un patriota educado con la ideología
positivista y bolivariana, convencido de que primero había que alimentar al
venezolano y luego prepararlo para participar dignamente en un régimen de
libertades. Fue la vieja tesis de los positivistas gomecistas que denominaron
“democracia orgánica”: primero el estómago y luego el parlamento. Dentro de esa
perspectiva, la élite política y militar del lopecismo conduciría en forma
pacífica y evolutiva a los venezolanos hacia el ABC de la legalidad. Se requerían hombres vigorosos,
bien alimentados y alfabetizados para disfrutar plenamente de la democracia.
Mientras ocurría eso, ellos preservaban un régimen político con una alternabilidad
restrictiva y con elecciones de segundo y tercer grado para entregar el poder a
sus seguidores. En efecto, el 19 de abril de 1941 el General López Contreras le
entregó la bandera presidencial al General Isaías Medina Angarita. Fueron elecciones de segundo y tercer grado
donde participó el candidato por AD, el insigne novelista Don Rómulo Gallegos.
Paradójicamente, una competencia desigual que rompió el esquema tradicional de
la imposición pública sin contendor. Mientras tanto, la otra parte de la
sociedad venezolana, analfabeta y desnutrida, no participó en ese proceso
electoral. Para convencer en forma sistemática de que ese era el verdadero
camino, en la perspectiva del lopecismo, se creó la sociedad bolivariana, el 26
de marzo de 1938, con el fin de manipular con el pensamiento político del
Libertador y los símbolos patrios a los venezolanos de que el sendero verdadero
era la democracia evolutiva. Por un lado, alimentar y alfabetizar para poder
pasar de ciudadanos pasivos a ciudadanos activos y así ser parte vital del
sistema democrático. Por otro lado, convencer al país de que la izquierda
democrática eran agentes del comunismo que querían perturbar y poner en peligro
la unidad nacional. Logrado estos dos objetivos, entraríamos a una auténtica
venezolanidad. Toda una trampa ideológica para disfrazar y justificar de manera
inteligente el cesarismo democrático. Lo supo empalmar con ideas y creencias de
origen bolivariano. Definitivamente, no querían soltar el poder. Por lo tanto,
el estallido del 18 de octubre de 1945 sentó las bases de un sistema político de
origen civilista y democrático. Por lo que los venezolanos tuvieron la
oportunidad, es decir, los hambrientos y los analfabetos de elegir mediante el
voto directo, secreto y universal a su candidato de preferencia en un ambiente
político electoral de opciones, de las más variadas ideologías. Se estaba
pasando del monopolio del poder a una dinámica de representatividad y
alternabilidad democrática. Así, se borraba esa diferencia humillante y odiosa
de ciudadanos pasivos y activos que se consagró a partir de la Constitución de
1811. Como diría de manera irreverente el ensayista Enrique Bernardo Núñez: con
la revolución de octubre se me daba la oportunidad de votar por quien me diera
la gana sin restricciones de ninguna naturaleza. A partir de ese acontecimiento
histórico, Venezuela entró a una nueva etapa política, sepultando el cesarismo, el personalismo, el
militarismo, el bolivarianismo y restituyendo
mediante una revolución el espíritu
republicano y civil que se
había establecido con
la constitución federal de 1811.
Así, el siglo XX, el
siglo del republicanismo y el civilismo, entre luces y sombras, demolida con una revolución estatista,
socialista, colectivista, comunista y comunal, bajo la impronta de las ideas y las creencias del pensamiento
político del libertador Simón Bolívar (
1999-2026). No obstante, el 24 de julio
del 2024, en Venezuela
renace el fervor republicano,
civilista y democrático, cuyo sendero
nada fácil en el recorrer del
proceso histórico que continúa con mucho fervor a partir del 3 de enero del 2026.
