La Hispanidad en la sabana
de los Dioses:
Santa Rosa de Carvajal
Ramón Rivas Aguilar
A
Reinaldo
Castellano, amigo del alma, el poeta, con su cuatro y guitarra,
sus canciones, en su viejo cuaderno, el recuerdo
de una sábana, de un llano, de un
filo, de unos atajos y senderos, con sus melodías picoteando
las divinidades de tan hermosas
musas.
El día de la Hispanidad en una
sábana que floreció con la cristiandad del vasto imperio, el imperio español y
los reinos en Hispanoamérica en la más bella aventura histórica del hombre desde
su aparecimiento en
aquel continente con el fragor del astro
gigante la Sabana de los
viejos robledal entre
largos senderos y atajos. Entre
sombras y brisas, entre caminos y posadas, aquel hombre
con su espada y la cruz, llegó
a unas tierras desde de la España
del Quijote, con la misión de
evangelizar una geografía que aún no asomaba la mirada del mortal,
en aquella sabana larga, la
sabana de las cocuizas. Un recorrido que
atravesó viejos continentes, sus
primeras pisadas en las aguaditas, los primeros nombres y apellidos, nuestros padres, abuelos es la
génesis de una geografía, de una población cuyas raíces se pierden en los tiempos. Corría
los años de 1760. Aquel hombre, un
conquistador, un hidalgo, un soldado de Dios y del Rey, desde la aguaditas devela el horizonte de una
sábana, la sabana de los dioses, Santa Rosa de Carvajal. Así, es era tradición
que con la bella melodía Juliana, un vals peruano, todos los 20
y los 24 de octubre iniciaba la
celebración y culminaba con la fiesta histórico- religiosa con toda la grandeza
de la España Imperial. La Hispania
que regó por Hispanoamérica lo mejor de la civilización Occidental, dejando un trazo material y espiritual
en esa sabana, que hoy percibe
con los más complejos medios de
la tecnología, de las comunicaciones y la muerte de la leyenda negra.
Una falacia histórica, un invento
de las potencias de aquel
entonces arrogantes, soberbias y frustradas ante aquella civilización con el resplandor, la belleza, la magia, el misterio de la edad de oro y la más grande obra literaria de la historia
universal: el Quijote. Los
imperios, los luteranos y los
calvinistas, tejieron todas las falacias posibles para calificar
a esa España
del Quijote, una España
bárbara, monstruosa y enemiga de toda civilización. Esa
gigantesca civilización cristiana, con voluntad de ser y
voluntad de hacer tuvo la osadía intelectual
de mayor alcance en la historia universal: Detener el poder del imperio por un día
para debatir sobre sí el indio
debía ser libre o esclavo. Un prodigio
de la historia intelectual desde una perspectiva de la teología y la religiosidad que se desprende del cristianismo. Una vasta
epopeya histórica, en el alma de
una civilización, como la
civilización de España para hacer del
cristianismo un proyecto de vida para el
corazón de la historia universal. Esa España que recibió la herencia de los fenicios, de los griegos, de
los romanos, donde tomó
como fe y poder religioso la figura de cristo como el sendero para echar andar la monarquía de los visigodos, derrotando al mundo islámico, con la reconquista de Granada(1492); derrotando a los turcos en la batalla de Lepanto salvando a Europa del dogma islámico y retomando
la tarea de cristianización por América y el mundo. Una tarea históricamente jamás vista en la historia de
la humanidad. Me siento orgulloso de llevar en mí anima ese maravilloso espíritu de hispanidad
con su grandeza y miseria. Somos mortales, no ángeles.
Por ello, mis viejos recuerdos, sobre esos días del mes de
octubre, cuando se celebra la fiesta religiosa e
histórica en torno a la imagen de san Rafael
de Arcángel de Carvajal, su nacimiento y proyección en el tiempo,
para mirar en ese
día al gran hidalgo
del imperio español, Baltazar de
Carvajal. Su recuerdo es vital,
porque dejó en esta tierra cautivante
a nuestros padres, abuelos y herederos, los más bellos postulados de la civilización Occidental,
en el cuerpo y el espíritu del
cristianismo, fuente inspiración del
hombre digno y libre, que puso de rodilla al más grande imperio del mundo antiguo. El cristianismo, la religión de la libertad y
la igualdad, de la solidaridad, de la
piedad, de la generosidad y la
bondad. El cristianismo compatible con
los principios de la libertad, del mercado,
de los valores del capitalismo. Si tienen alguna duda sobre estos criterios, los remito a la lectura sistemática
de la Escuela de Salamanca
(XVI_XVII), donde sacerdotes, teólogos y juristas, cuestionaron
el sistema mercantilistas,
estatista e intervencionista, enemigos de la libertad empresarial y de mercado,
promoviendo los valores del republicanismo y de
una economía de mercado como alternativa histórica. Se anticiparon a los
clásicos de la economía política y a la
escuela austriaca de economía. Lo
mejor de las fuentes del
liberalismo que se
haya producido en la historia
intelectual de la cultura Occidental. Se devela
ante el mundo la riqueza intelectual,
religiosa y teológica de una
nación, de un imperio, de una
aventura histórica que logró la más grande hazaña de la humanidad, como fue proyectar el descubrimiento de América y su trascendencia a lo largo
y ancho del planeta. Nace con ese espíritu de aventura, de osadía y
temeridad en el alma
de la monarquía, de la iglesia, del papado, de los reyes,
de los conquistadores y los misioneros, la globalización. La primera
cartografía mundial que describe las líneas
imaginarias, los meridianos, los paralelos, la longitud y la latitud de las más diversas rutas
terrestres y marítimas del
globo. Un error histórico y
geográfico que cambió
la historia universal, en aquel
recorrido del Quijote
de los océanos, Don Cristóbal Colón,
cuando salió de España
para llegar América el 12 de
octubre de 1492, hace cinco siglos, tres
décadas y tres años. Aquí
nació el nuevo mundo, la
Hispanidad, con una presencia gigantesca en la historia universal. Una proeza
histórica que jamás será arrebatada por
ningún otro imperio de la
historia. El quijote, la lengua española, la
gramática de Nebrija, la edad oro, el barroco, las ciudades, su belleza arquitectónica y
su riqueza espiritual y artística, nada que envidiar a otras civilizaciones, el alma
de las universidad, de los
hospitales, La Escuela de Salamanca,
el espíritu editorialista y artístico
de Toledo, los derechos humanos, la gloria de un imperio, único
en la historia de la humanidad,
cuyo fruto material y espiritual, constituye parte fundamental del
patrimonio cultural de la humanidad. El
espíritu de esta
gigante civilización, ruta de la libertad para los pueblos de Hispanoamérica, de
ayer y de hoy, la maravillosa obra de la arquitectura literaria
de la historia universal: el Quijote de Miguel de Cervantes. En esos días del mes de octubre, la imagen divina y terrenal,
la gloria de la hispanidad, en esa sabana de los dioses, la alegría y entusiasmo con
las bellas melodías de la época: el Pata Pata
de Mirian Makeba; Sugar
Sugar del conjunto musical de los Archie; Copa tras Copa en la voz maravillosa
de Pedro Infante; en Mi Viejo San juan,
en la figura musical estelar de
México Javier Solís; Cabeza de Hacha de Noel Petro; Azucena,
vamos de Fiesta con Orlando y su Combo; Linda en la voz cautivante
del Inquieto Anacobero, Daniel Santo, En fin, Los Melódicos, La Billos, Los Blanco, los Master, el Súper Combo Los Tropicales y los hermanos Macafú;
animaban en aquellos años tan hermosas fiestas religiosas e
históricas, en la mirada del soldado
Baltazar de Carvajal y San Rafael de Arcángel, el
hálito de la hispanidad. Nos
Acompaña en esta bella faena
José Gregorio Hernández
Cisneros, el santo que lleva
en su ánima la piedra sagrada del templo de Roma, el
hombre que dejó en el alma
de una nación y su proyección universal, estas
preciosísimas palabras que recoge
su sentido divino y temporal: Mi madre que me
amaba, desde la cuna me enseño la
virtud, la ciencia de Dios, y puso
de guía la Santa Caridad”
Así, en el mes
de octubre del 2025, una
gran fiesta religiosa e
histórica que consagra la santidad de
este hombre que amó a Dios y al hombre y en su ánima la belleza divina de la Hispanidad.
