San Agustín
Ramón Rivas Aguilar
A
Pompeyo Ramis
Muscato
El azar y el destino
en tierras venezolanas entre las aguas del caribe y las brisas de las altas montañas andinas
El maestro que dejó
en nuestra ánima
La belleza divina
del medievo
Una mirada elíptica hacia aquellos predios telúricos y pastoriles con la carga poética del lenguaje sagrado de Virgilio
una vuelta a la edad media el misterio de la navaja
de Ockham y la polémica de los universales una delicia
para la contemplación del mundo
moderno
Aquel hombre perdido en la sombra
descubrió el sendero de Dios
Sus lágrimas humedecieron las
inmensidades celestiales
Henchido de emoción bañó su espíritu
de amor
Un encuentro con el señor salvó su
alma de sus enloquecidos demonios
Había huido hacia los caminos
tenebrosos de la carne y los placeres de la vida.
En un atardecer ardiente y sensual en
su África amada
Olfateó la fragancia de la sabiduría
Aquietó su espíritu atolondrado por
el pecado
Una página del misterioso libro lo
acercó a Cristo
En algunos momentos de su vida
sumergió en las oscuras noches del imperio romano.
De repente palpó su salvación
corroída por las corrientes de la pasión
El verbo del evangelio lo engarzó a
la bondad divina
Exploró la senda de la verdad
Se buscó un camino para acercarse al
hijo de Dios
Entrégose a la trascendencia
Liberó de la tentación del pecado
¡Oh Dios soy el que soy en tu cuerpo
y en tu espíritu!
Alcanzó el vuelo de los pájaros para
dormitar en la eternidad
