Nacionalización de la
Industria petrolera: Trascendencia Histórica (1976-2026)
Del Espíritu rentista al espíritu Empresarial:
Hacia un nuevo Paradigma Historiográfico.
Ramón
Rivas Aguilar
Sobre la
nacionalización de la industria
petrolera se han tejido las más diversas interpretaciones sobre su
naturaleza, transformaciones y
consecuencias en el destino de la vida material y cultural de la nación y del mundo internacional. La
figura estelar de Juan Pablo Pérez Alfonso, padre de la OPEP, uno
de los hombres más influyente del
siglo pasado, calificó
la nacionalización de la
industria petrolera como “una nacionalización
chucuta”. Una frase histórica que quedó
impresa en el ánima del folklor del oro
negro. Es decir, una frase
que entusiasmó a los detractores históricos de
uno de los protagonistas de este evento
histórico de importancia
vital del siglo pasado: Carlos Andrés
Pérez. Para otros, académicos, expertos
petroleros e investigadores de los más diversos campos del saber, más que una nacionalización de la
industria petrolera, fue más bien una
estatización que excluyó de forma
radical al sector privado petrolero internacional y nacional. Según esa mirada, allí reside su pecado original. Otra generación, vio en
la nacionalización una agenda oculta, en
manos de liberales, neoliberales y
tecnócratas al servicio de los intereses más
oscuros de las grandes
corporaciones petroleras del
mundo global. Una agenda oculta que pretendía eliminar en definitiva, al Estado rentista e imponer
la hegemonía del capital trasnacional
para hacer del negocio del petróleo una
mercancía, como cualquier
mercancía, en el ámbito del mercado mundial. Finalmente, otros consideraron que fue un error histórico la nacionalización de la industria petrolera
nacional. Según esa perspectiva, era posible
otras alternativas. Seguramente.
No obstante, los
hechos son los hechos. La nacionalización de la industria
petrolera fue una realidad histórica.
Para bien o para mal, se tomó una
decisión política cuyas
consecuencias fueron difíciles de prever en un momento de la historia que en
que se combinaron factores nacionales e
internacionales que influyeron en el ánimo de unas minorías y de un gobernante que arriesgó
el destino histórico de una nación,
con el desafió de impulsar un proceso histórico que comenzaría a partir del 1 de enero
de 1976, y que marcó la dinámica de la nación a lo largo de unas
cuantas décadas.
En todo caso, juzgar un evento
histórico de tal magnitud es
aconsejable la sensatez y la
sabiduría para esclarecer sus
alcances, sus límites, sus
contradicciones y paradojas, sin los prejuicios que
puedan desdibujar y calificar con vulgaridad y chabacanería. Por ello,
un filósofo francés, Paul Ricoeur, dijo
en una célebre entrevista, sobre
lo incierto en la historia, lo
siguiente: no asumir el papel de
abogado y de Juez… (Tomar en
cuenta) los aciertos, las limitaciones, las indecisiones, porque se hizo y porque no se hizo”
(1996).
Dentro de esa
perspectiva historiográfica, el
historiador venezolano German Carrera
Damas, célebre por su libro Culto a
Bolívar, que la pagó bien caro, como solía decir en muchas
oportunidades, nos deja una reflexión
histórica de importancia vital para comprender su impacto en el destino
de la nación, cuando afirmó:
“ la nacionalización del petróleo
es lo más importante, significativo
y trascendental de Venezuela desde la independencia” (2009). Un juicio
histórico. Una afirmación de tal naturaleza, trasciende
cualquier tipo de interpretación parcial y desdibujada por los prejuicios
históricos. En primer lugar, tan importante como el proceso
emancipador. Tal vez de mayor
significado y cambios gigantescos en la
vida nacional y sus implicaciones en el ámbito de las relaciones
internacionales. No hay otro
evento histórico de nuestro quehacer
vital que haya tenido tan resonancia
y proyección como el oro negro
en la vida de los venezolanos
y en el Hemisferio Occidental. El petróleo, su nacionalización, su internacionalización y su apertura, en el escenario mundial. En segundo
lugar, el proceso de la nacionalización
del petróleo se dio en un ambiente de instituciones
libres, democráticas y republicanas únicas y excepcionales en la historia mundial del siglo pasado. Todo ello, bajo el liderazgo político, de un
gobernante, de un hombre de estado como
fue el Presidente Carlos
Andrés Pérez que con inteligencia,
audacia, sentido común, pragmatismo y realismo político llevó a término la nacionalización del petróleo. Con
sus alcances, límites, contradicción y paradojas, por supuesto. Un
mérito histórico que la historia no le podrá arrebatar. En tercer lugar, tuvo
el sentido común de
incorporar el artículo 5 de la ley de que
reserva al Estado control absoluto del negocio del petróleo (Empresas
mixtas). Un paso inteligente y de realismo
que abrió el camino hacia la internacionalización y la apertura
petrolera. En cuarto lugar, El fin del
espíritu del rentismo y el camino
hacia el espíritu empresarial: el
Estado empresario. Así, Petróleo de
Venezuela (PDVSA), una de más
las grandes corporaciones de energías
del globo(1975-1998), producto de la
inteligencia venezolana, de sus
hombres, de sus mujeres, de sus
profesionales, de sus trabajadores, de sus empleados, de sus técnicos y tecnócratas, una bofetada
histórica al etnocentrismo y a los adoradores
de la utopía. Con esa iniciativa
empresarial estatal se llevó cabo el proceso
de mundialización del
petróleo nacional a través de la
internacionalización y la apertura petrolera. En el país, una conquista histórica el cambio del patrón de refinación, el auge y expansión de la faja petrolífera del
Orinoco y la ampliación del mapa petrolero desde Occidente
hasta Oriente. Al mismo tiempo, el desarrollo
de la ciencia y la tecnología, con sus inventos y patentes. Por supuesto,
que esta dinámica histórica tan importante en el tiempo, con sus alcances y
grandeza, también con sus
límites y contradicciones y paradojas. Una de
ellas, quedó en el ánima de la nación la desconfianza mutua entre el sector oficial y el sector tecnócrata del mundo petrolero,
que muy bien
describe el ingeniero petrolero Luis Pacheco. Es decir, esa pugna histórica, visible y no visible, entre el mundo rentista y el mundo empresarial. De Igual
modo, históricamente se percibe
esa separación entre el Estado, el petróleo, sus empresas y la sociedad venezolana.
Sin duda alguna, hubo esfuerzos
por parte de Petróleos de Venezuela el intento de integrarse al mundo
nacional. Se percibe mejor ese
proceso integrador del Estado, el
petróleo, las compañías y la sociedad ante del proceso ese nacionalización. Aún más: la prosperidad material
y cultural fue mayor
entre 1920 y 1976,
que en el periodo histórico entre
1976 y 1998. Por qué. En el futuro tendremos
una explicación más racional y más científica, cuando pase
la tormenta de los odios históricos.
En ese orden de
ideas, es posible que el propio nacimiento
y crecimiento de Petróleos de
Venezuela su reestructuración, técnica,
administrativa y gerencia generaría sus propias contradicciones y paradojas con repercusiones en el país.
Por tanto, la nacionalización del petróleo
representa un
cambio de paradigma historiográfico sobre la base de un proceso
histórico que dio paso de un Estado rentista a un Estado empresario. A
partir de ese evento histórico,
es vital la construcción de un nuevo
enfoque historiográfico para repensar la historia
del petróleo en Venezuela
(1899-2025), como se estudiará en los
próximos artículos. Dicho de otro modo, con la nacionalización del
petróleo nace una nueva manera de
establecer una línea de tiempo
sobre el origen y el destino del petróleo en el
devenir. Un reto para los historiadores del futuro.
