Ha muerto Charles De Gaulle
(1890-1971)
Ramón Rivas A.
Ante la decadencia de Europa se erige
La imagen de Charles de Gaulle
Escuchaba
una bella melodía del inquieto Anacobero en la Rokola de Kamba, en la Loma del
Medio, donde las nubes se entretienen con el canto melodioso de las pequeñas
coronitas, cuando de repente una emisora del Zulia, la voz de la fe, trasmitió
una noticia que recorrió la geografía mundial: había muerto Charles de Gaulle.
Fue un estadista que le devolvió a Francia la majestad del estado en peligro
por las ideologías del totalitarismo. Por cierto por esos días en la sabana de
los truenos, se conformó un movimiento juvenil en apoyo al mayo francés,
afectando significativamente el liderazgo de esta figura política que supo
imponer su personalidad a una Europa, amilanada por la hegemonía del coloso del
norte. El mayo francés obligó a este gran político a retirarse en silencio a su
viejo hogar.
Desde muy joven, en el Instituto Privado Cecilio
Acosta, fundado por dos maravillosos maestros Juan Canelón Cestari y su bella
esposa Doña Rosa se Canelón, solía oír largas conversaciones entre mis
profesores sobre esta figura estelar del mundo europeo. Para estos amigos de la
palabra, Charles de Gaulle encarnaba las cualidades de un verdadero líder
político: carisma, inteligencia, sabiduría y sentido común. Mis abuelos cuyas
raíces provienen de la España Islámica, lo veían como uno de los grandes militares
de nuestro tiempo. Lo comparaban con Julio César, Anibal y Napoleón Bonaparte.
Fue escogido en un momento histórico en aquella Francia en estado de anarquía y
caos, logrando sentar las bases jurídicas e institucionales de la V República
que originó la unidad nacional.
Esta obra política y jurídica fue hechura de un jefe
de Estado que le llevó al pueblo francés tranquilidad, seguridad y sosiego. En
el año de 1969 tomó una decisión de grandeza histórica: se retiró de la
política y se entregó a escribir sus memorias. Entre otras cosas Charles de
Gaulle propició: “la independencia de Argelia. Retirar de la Alianza del
Atlántico y las tropas de Francia y pedir a los Estados Unidos y Canadá que
entregaran las bases militares que tenían en Francia. Rechazar cualquier autoridad
supranancional en el mercado común de Europa y negar el ingreso de la gran
Bretaña. Reconocimiento de china y Rusia. Dar a Francia poderío nuclear pesare
a quien pesare” (Harvey Hutson. De Gaulle huella indeleble. En Fuerzas Armadas
de Venezuela, Organo del Ministerio de la Defensa, número 252, Caracas 1971, p.
48).
Dos anécdotas definen la personalidad de este líder
europeo. La primera tiene que ver con su Ministro de Cultura Andrés Mauro; éste
le sugirió en una etapa difícil de la política francesa el encarcelamiento del
filósofo francés Jean Paul Sartre. Su respuesta fue sabia: como se va a
encarcelar al Voltaire de estos tiempos. Jamás en mi gobierno podría sepultar
el don de los dioses: el verbo. Y la segunda, se refiere a su estadía en
Venezuela en el gobierno de Raúl Leoni. Su sorpresa fue grata al ver a la jerarquía
del alto mando militar rodeada de tantas medallas y condecoraciones de honor.
Se preguntó en silencio ¿ En qué guerras y batallas conquistaron tan hermosos
símbolos militares? Era un conocedor a fondo de las guerras antiguas y
modernas. Todas estas características es lo que hace de Charles de Gaulle un
estadista que estuvo en sintonía con su tiempo. Fue un hombre patriota, digno,
de gran personalidad y de una profunda humildad. Este último aspecto, lo revela
su testamento que debe ser un ejemplo para nuestros líderes políticos. Se
resaltarán algunos de estos elementos que ordenó hace dieciocho años Charles de
Gaulle. Lo dijo reciamente:
Así quiero mi funeral: deseo que mi funeral se lleve a cabo en Colombey
Les Deux Egleses. Si muero en otra parte, mis restos deben ser transportados a
mi casa, sin la más leve ceremonia pública. Mi tumba estará donde yace mi hija
Anne, y donde yacerá mi esposa. La ceremonia será dirigida por mi hijo, mi
hija, mi yerno, mi nuera, ayudados por mi secretario en forma tal que debe ser
en extremo simple. No deseo un funeral nacional. Ningún presidente, ningún
ministro, ninguna comisión parlamentaria, ningún representante de los órganos
del gobierno. Sólo el servicio militar francés podrá tomar parte oficialmente,
como tal, pero su participación debe ser de proporciones muy modestas, sin
bandas, sin trompetas o clarines. No se pronunciará ningún discurso, ya sea en
la Iglesia o en otra parte. Ninguna oración fúnebre en el parlamento. No se
reservarán asientos en la ceremonia, salvo para mi familia, para mis compañeros
de la orden de liberación y para el consejo municipal de Colombey. Los hombres
y mujeres de Francia y otros países del mundo pueden, si lo desean, hacer a mi
memoria el honor de acompañar mis restos a su último lugar de descanso. Pero es
en silencio que deseo que se lleve a cabo. Declaro que rechazo por adelantado
cualquiera distinción, ascenso, citación de honor, condecoración, sea francesa
o extranjera. Si tal cosa se me concede, ello será en violación de mis últimos
deseos. Firmado Ch. De Gaulle” (Harvey Hutson. De Gaulle huella indeleble. En
Fuerzas Armadas de Venezuela, Organo del Ministerio de la Defensa, número 252,
Caracas 1971, p. 59).
