Miguel Rodríguez: El Gran Viraje (1990) Del Modelo Cepalista al modelo de mercado

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Miguel Rodríguez: El Gran   Viraje (1990)

Del Modelo  Cepalista al modelo de  mercado

 

Ramón Rivas  Aguilar

 

 

Federico  Engels, uno de los grandes  pensadores  del marxismo,  sobre  Karl Kausky, dijo: “Es un pedante. Pero es nuestro  pedante”

“Que ni en años anteriores, ni en realidad  nunca hemos tenido una economía libre. No la tuvimos  cuando éramos colonia española,  no la  tuvimos en el siglo XIX, no la tuvimos  durante la hegemonía andina (Cipriano CASTRO, Juan Vicente Gómez, Eleazar López Contreras, Isaías Medina Angarita 1899-1945) no  la hemos tenido  desde entonces” (Carlos Rangel. ¿Adónde  va Venezuela?

 

El Octavo  Plan de la Nación  está  basado   en el reconocimiento  de que el modelo de desarrollo que rigió en el país por más de tres décadas  se agotó (1960-1990). La alternativa  al cambio   es inequívoca  y hay poco espacio para la improvisación”.  Por tanto, “ La nueva  estrategia  requiere de un estado  fortalecido y eficiente  que promueva la competencia  y que estimule la expansión  y consolidación de una moderna  economía  de mercado(1960-1990)”. Un poco de historia. El prestigioso  político y economista,  Gumersindo Rodríguez,   de la vieja   escuela   keynesiana,    el autor intelectual    de la  Gran  Venezuela y del V Plan  de la Nación,  la fundamentación filosófica, política y económica   de un poderoso    Capitalismo   de  Estado,   eje central, el motor  para potenciar    y diversificar la riqueza nacional   y muerte    del viejo esquema  estatista que alimentó  el modelo de  sustitución  de importaciones,  una economía nacional,   nada que  ver con una economía de libre mercado. Una economía proteccionista que cesó a finales de los sesenta. Así, con la nacionalización   de la industria del hierro y del petróleo, la fuente de acumulación de capital   para estimular la    Gran  Venezuela y, como consecuencia  un  poderoso  Capitalismo de Estado, protagonista  del desarrollo  nacional y con un  papel estelar   en la economía internacional.  Sin embargo,  por  las  razones que sean entró en crisis  ese modelo   de capitalismo  de estado,   llegando   a su fin  a finales    de los ochenta. En otras palabras,  era vital   un cambio estructural,    un giro histórico y una transformación radical de la política y la economía impregnada de  estatismo,   hacia  una   democracia  más abierta,  más libre, más ciudadana  y con una economía  más productiva y más competitiva. En fin,  un nuevo rol del estado   para sentar los cimientos  de una economía de mercado.  

 


En esa perspectiva,  un encuentro vital entre  un político y un  economista,  los  responsables históricos de propiciar  un cambio estructural en torno  al  papel  del  Estado   en la economía  y la política   para orientar    al país   hacia una democracia de ciudadanos y  una economía de libre mercado. En efecto,   Carlos Andrés Pérez, un hombre de Estado, un estadista, una de las figuras históricas  de mayor alcance político  de la Venezuela  del siglo XX y Miguel Rodríguez un brillante economista,  un keynesiano fueron los hombres claves  para    impulsar   una transformación   económica, política y cultural de  Venezuela   a la altura de los tiempos  históricos.  Dos figuras históricas   para    impulsar  la modernización del Estado   y  las   bases de una economía de libre   mercado  y una forma de gobierno  de carácter   federal.  Lo que sorprende del viejo Keynes era que el objetivo de su esquema macroeconómico era restaurar las bases  del capitalismo  mediante el poder  del  intervencionismo. Sin embargo, Miguel Rodríguez, en Venezuela era     construir un nuevo  Estado   para  estimular  una economía de mercado  que nunca   existió  en Venezuela.  Bueno, es lo que se  deduce del  Gran Viraje.  En tal sentido,  es de importancia  capital desde el punto de vista político e intelectual   examinar  con    serenidad  el pensamiento económico   de  Gumersindo Rodríguez y Miguel Rodríguez, dos keynesianos, con dos miradas   del  Rol del Estado  en la economía  en   dos contextos históricos  distintos.   En  el primer  caso,  el V Plan de   la   Nación  su pretensión política y teórica fue sustituir  el viejo   modelo desarrollo económico, el modelo de sustitución de importaciones, el modelo  cepalista  de una economía  proteccionista por un modelo   de capitalismo de Estado. Y, por el otro,    el  Gran viraje, un modelo  de desarrollo, un modelo de economía de mercado  para  sustituir  el viejo modelo estatista.  Ahora bien, quien es  Miguel  Rodríguez. Un  venezolano, un economista,  un político e intelectual, polémico y provocativo,  irreverente y, como todo mortal, con una dosis  de vanidad, arrogancia y soberbia. Más allá  de esos rasgos, tan ironizado por la belleza divina   de Santa Teresa  de Jesús,  un hombre de una profunda probidad política  e  intelectual  y de un compromiso  moral con  el destino   histórico de su país. De una trayectoria vital  extraordinaria  en el mundo  de  la academia, una experiencia  en  la dinámica de las instituciones  supranacionales. Un conocimiento   que puso   al servicio de su patria, la Provincia  de  Venezuela,  la pequeña Venecia. Su vida hogareña, sana, modesta y con una formación cristiana, religiosa  forjaron en él   el espíritu   de responsabilidad  y el compromiso político  y social por Venezuela.


Desde  muy joven prendió en su alma el entusiasmo  pitagórico: Las matemáticas. “Era un coco en esa materia, se le  suele  escuchar con mucha frecuencia. Ese fervor por los números,  una delicia, un goce  que cautivó a los grandes matemáticos del mundo,   que desató con tanta pasión en la escuela, en el liceo y en las universidades  nacionales e internacionales. Ese interés vital por los  números,   lo llevó   hacia  la carrera de ingeniería. Sin embargo, Fue en  una de las universidades  del país,  que desvió su mirada hacia la economía,  al escuchar  a su profesor y mentor, economista y músico  José Antonio Abreu. El  sendero     de la economía  le abrió   un futuro brillante. Así,   estudió   al mismo tiempo    ingeniería y economía, sorteando esas dos carreras  con su trabajo   académico, impartiendo  docencia  en   la universidad. Su dedicación,  responsabilidad, trabajo y una beca Mariscal Ayacucho  le abrió    el  futuro      hacia  el mundo universitario,  en las  universidades  más  prestigiosas de los Estados Unidos, como Yale y Harvard.  Sus profesores de inmediato  develaron su talento  y su   agudeza   y pasión por las matemáticas.  Había llegado  donde tenía que llegar.   Se convirtió en un economista muy prestigioso  y como   investigador    orientó   sus estudios hacia  los temas  de la deuda externa y el crecimiento económico. Las décadas de los ochenta y los noventas,  una experiencia  valiosísima  con los  mejores economistas    de los EE.UU. y América Latina. La década de los ochenta,  la  década  del consenso de Washington. En América  Latina y en Venezuela,  Miguel Rodríguez ,  saltó   a la fama    como economista,  con su célebre ensayo: El mito   y las realidades sobre el endeudamiento externo en Venezuela (1984),  desmontando la leyenda populista  del gobierno  de Luis Herrera, con su célebre frase:  recibí  un país hipotecado.  Fue una muestra de honestidad intelectual del economista Miguel Rodríguez. Un documento histórico   de una importancia intelectual para los estudiosos de la economía venezolana y así   valorar  la obra  de   gobierno  de  Carlos Andrés Pérez (1974-1978) que sus enemigos calificaron como  la  Venezuela  saudita. En otras palabras,  una investigación de tal  naturaleza,   significó   la reivindicación histórica de   una obra de gobierno,   nada que  ver   con gobierno populista, clientelar y   demagógico. Un  Estado   que dinamizó  un proceso de acumulación del capital tanto en el sector productivo  estatal-privado y en el capital humano. En ese trajín académico   e intelectual,   conoció  al expresidente  Carlos Andrés Pérez,  a través del  político  y economista  Gumersindo Rodríguez,  la figura intelectual  de la Gran  Venezuela y del V Plan de la  Nación,  inspirador   de la  hermosa empresa educativa  fundación de la Gran  mariscal  Ayacucho,  quien le dijo: ese es el hombre que Uds. tiene que conocer. En efecto.  En un almuerzo, en el año de 1984, un encuentro vital  entre estas dos personalidades,  un político y un economista.   Se forjó   una amistad,  de respeto y admiración,    en  esos años,   que vislumbraron los caminos   del Gran Viraje, la Venezuela  Moderna,  en sintonía con los nuevos tiempos,  una esperanza histórica  para entrar con   vitalidad hacia la  prosperidad material y cultural del país.  En esos  días,   encuentros  entre  Caracas y los EE.UU, examinaron    la naturaleza de la crisis  política y económica del país,  sus soluciones y su alcance   en  el devenir.  Ambos compartieron   la tesis   de que   Venezuela   vivía    una profunda crisis económica que  ameritaba  un cambio estructural, un giro histórico. CAP, descubrió un planeta    transitando  hacia  una economía de libre  mercado,   quedando  atrás  los viejos  modelos del estatismo,  con su  manual político, inspirado en la obra keynesiana. Al mismo tiempo,  el  economista  Miguel Rodríguez, un  convencido keynesiano,  formado  con sus mejores profesores y premios  nobeles,  adictos   al mundo de Keynes,   un hombre  de prestigio   en las academia de  las universidades nacionales  y norteamericanas,  conocedor a fondo  sobre los temas de la deuda externa y del crecimiento económico y  de los organismos y las finanzas   internacionales, el protagonista clave  en la restructuración de la deuda externa de Venezuela,  que se logró en los noventa. Un mérito histórico que  nadie podrá  arrebatar. Así,  en esas largas conversaciones con  CAP, entre  Caracas y Washington, por los años ochenta,  según él,  en su soledad radical,  escribió un libro  sobre Venezuela   que no pudo editar  al idioma español. No obstante,  de allí  salió   el  célebre   documento   histórico,  El   Gran  Viraje, el Octavo Plan  de la Nación,  contentivo   de una visión global   de la Venezuela que   se iba   construir   sobre bases  sólidas,   en el marco   de una economía de mercado, en que el Estado jugaría un rol estelar en el diseño  de sus  fundamentos  institucionales. En ese sentido,  Miguel Rodríguez, un keynesiano,  que  consideraba vital  transformar el Estado   con el propósito  de diseñar las bases institucionales  ´para echar andar  una economía de libre mercado.  Un keynesiano heterodoxo. El viejo Keynes, con su propuesta macroeconómica  era salvar el capitalismo; mientras tanto, este keynesiano de nuevo   estilo caribeño,  su idea era  sentar   las bases  de una economía de libre mercado,  en Venezuela. Curioso. Genial.


 Sin duda alguna, el economista y político Venezolano,  Miguel Rodríguez,   el padre intelectual   del Gran Viraje (0ctavo Plan de la Nación,  la Venezuela moderna, el documento  político de  mayor importancia   intelectual que   se haya escrito en la historia Venezuela del siglo XX, con  tres pilares fundamentales:  en primer lugar,  un nuevo rol del  Estado  para promover  una economía de libre mercado; en segundo lugar, las bases de una democracia de ciudadanos y en tercer lugar, un marco institucional   de carácter descentralizador y federal. Todo esto, en una dinámica histórica  en sintonía  con  un  mundo globalizado.  Se podría afirmar que ese era el camino histórico  que iba a  cimentar la grandeza material  y  cultural  de la Venezuela moderna de las próximas  de décadas   del tercer milenio. Solo que la clase política  del viejo orden, estatista, rentista, clientelar  y empresarial, anclados en el pasado, con las consignas  de la contrarreforma, no entendió nada. Lo demás es historia.


En consecuencia,  el economista y político  Miguel Rodríguez, ocupa un lugar de importancia histórica en la  Venezuela Intelectual del XX,  por sus contribuciones  significativas en el campo de la  macroeconomía venezolana, con sus trabajos y soluciones  extraordinarias   en el  ámbito  de la restructuración de la deuda externa  y su visión sobre    la elaboración  de ese documento valioso   El Gran Viraje,  el motor   de una economía de mercado,   con el rol   de un  nuevo Estado.  Un mérito  intelectual   que la historia reconocerá después  que las pasiones, las envidias, los odios y  los resentimientos políticos  cesen en el tiempo.

 

 


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