Federico Nietzsche (1844-1900) y su Visión de la Historia

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Federico Nietzsche (1844-1900) y su Visión de la Historia

 

Ramón Rivas Aguilar

 

 

La historia  como un juego de niños y  del animal no-histórico  sin   pasado y sin  futuro. Una historia  entre el juego, el olvido  y el recuerdo en  conexión vital  con la vida   en el goce pleno  de la libertad. La historia monumental, la historia anticuaria  y la historia crítica,  una bella trilogía  que nos  abre   un sendero  para la vida,  con el olvido vital y con el  picoteo  del ayer. La historia para la vida, en la mirada  del filósofo  Federico Nietzsche.  El audaz pensador que desafió los cuatros mitos de la política que impactaron la vida de los pueblos    del mundo moderno, como lo fueron el Estado,  la tiranía,  el socialismo y la democracia. Sí.   Cuatro modelos políticos  cuyo denominador común el de convertir   a los  individuos en esclavos   del gran amo. Dentro de esa mirada,  cómo y de qué   manera  abordar  la historia. Es decir, tiene alguna utilidad  los  estudios históricos  que le permitan al hombre,  al ser viviente trascender esas cuatros tiranías, en el inquietante pensador que perteneció al vasto imperio Austro- Húngaro. No lo sé.  Sin embargo,  vio en la historia una  fuerza vital  para la vida sin ese peso, sin ese  fardo   del pasado que impide  toda posibilidad  de  alcanzar la plenitud de la existencia en  el presente y toda  esperanza  de futuro.  En otras palabras, el esplendor   del goce   de la vida,   del cuerpo y del espíritu. Sí.  La historia para la vida. No  la historia, la memoria y el recuerdo como  una caja para llenarla  de fechas, de episodios,  de una inutilidad que no sirva para  nada o para la vida,  en su devenir.  Esa manía enciclopedista  sin ninguna conexión vital con la vida, en su búsqueda  de su destino   en el instante en que vive  en el presente.  Los necios  en ese  afán  de estar  ahogado  en un pasado, inerte  y desprovisto de vida. Pues, bien,  en un ensayo póstumo “Consideraciones Intempestivas “, aparece  en un segundo  fragmento cuyo título es elocuente: De la Utilidad  y los inconvenientes  de los estudios históricos (1874). En ese ensayo,  examina  la historia  con espíritu crítico: para qué sirve la historia, su importancia, su  alcance y sus límites.  Comienza  el ensayo con un párrafo  del gran humanista alemana Goethe “Yo detesto   todo  lo que  hace  más que instruirme, sin aumentar  mi actividad o  vivificar la inmediatez”.  Ello, para el filósofo germano,  no pareciera cumplir tal objetivo la  historia  que tanto cautiva   al mundo alemán. Por lo tanto, no comparte   esa visión y considera  que “tenemos  la necesidad de la historia para vivir  y obrar, y no para desviarnos  negligentemente  de la vida  y de la acción,… acaso para adornar  una vida egoísta  y  una conducta cobarde y perversa. ”. En otras palabras,  “Queremos servir a la historia  solamente  en cuanto ella sirva  a la vida “. Por supuesto,    no se trata de despreciar la cultura histórica, tan arraigada  en el espíritu alemán; de ninguna manera.  Se trata de no caer en la desviación  y la perversión que enaltece el  pasado  que lleva  a la paralización de  la vida. Insiste, la historia debe servir a la vida;  no   a los viejos recuerdos entre el cementerio y las cenizas.   La historia y la vida, una y la misma cosa,   en su  ritmo y vitalidad  que hace   la vivificación del hombre de hoy. Eso es lo esencial, lo fundamental. No las viejas tumbas  del crono, sepultado en los  sótanos del recuerdo. De allí, pues, la necesidad del olvidar sin  perder la conexión entre el pasado, el presente y el futuro.  Él, mira como el animal como no-historia vive, vive sin pasado y sin futuro.  “vive. No simula, no oculta, no recuerda” .En cambio, el hombre  por el contrario,  “se dobla  bajo el peso  cada vez  mayor  del pasado “. Sí. Lleva un peso. Lleva un fardo, oscuro e invisible. “es como recordar  el paraíso perdido, el rebaño, no   como el   juego del niño,  sin pasado y sin futuro” “Salir del olvido y aparece la palabra  era”. El pasado con sus lamentaciones y quejas. Queda en el recuerdo. Muere la vida. Volver a la vida, a la felicidad, está en olvidar, como lo hacen los cínicos o el  caso  del hombre que está condenado  a no  olvidar…. En todo caso  “vivir como  el animal  sin pasado, sin presente y sin futuro, es imposible.” Así, pues,   “vivir  sin olvidar es imposible”. Sin embargo,   en la perspectiva  del pensador alemán,   hay que olvidar, porque  “ el pasado  debe ser olvidado, sopena  de convertirse  en   el sepulturero  del presente” Como resolver   tan complejo e interesante  dilema en torno   a la   inutilidad de los hechos históricos  cuanto no tiene   sentido  para la vida y  como salvarla   ante   esa manera de concebir la historia como   simple recuerdo, memoria, sin ninguna  importancia para el hombre   que vive   su presente.   La nueva forma de concebir  la historia   en el horizonte filosófico    del  autor del libro   La gaya  Ciencia,   es conocer “la fuerza plástica  de un hombre, de un pueblo, de una civilización; quiero decir, esa fuerza que permita  desarrollarse  fuera de   sí misma, de manera propia, transformar e incorporar  las cosas del pasado, curar  y cicatrizar  las heridas y reemplazar  lo que se ha perdido, rehacer  las formas perecidas “( pág.  75,  1932). Dicho de otra manera,  la historia   para la vida, representa  para el pensador alemán,  el camino que  trascienda  la historia monumental,  esa historia  de  los héroes,  de las  epopeyas y de los grandes eventos  que nos empequeñece  y nos idiotiza. No. Asimismo, la historia para la vida, representa ir más allá de la  historia anticuaria,  una historia  de la veneración y la santificación petrificada del pasado. Y una historia para la vida,  que supere su espíritu  crítico sin que  ello   signifique borrar el pasado y comenzar desde cero. No. La historia debe servir a la  vida,  en el marco de esas tres trilogías  de como mirar el pasado y su  vínculo    con el presente,  de forma  equilibrada y racional, olvidando el pasado  sin   una ruptura absoluta.  La historia    sin   pasado y sin futuro, en un presente vivo,   como  el niño en su juego inocente y el animal no-histórico,   sin  pasado y sin  futuro. Sabemos que eso es imposible; pero lo que sí es cierto  para el    pensador   del imperio Alemán,  de que   se debe olvidar, de lo contrario, el pasado, un peso,   un fardo  que  nos paraliza y nos condena  hacia la eternidad de la sombra, a oscura sin   el goce  de los procesos históricos y  la vitalidad de la existencia, como parte esencial   de la vida. Sí.  Una lección  histórica,   un referente, un norte,  para   una  nación como  Venezuela, una Provincia, anclada  en lo más profundo de su historia, con  su monumentalismo y el anticuarismo. Con sus valores patrios,  con sus himnos,  sus canciones, sus libertadores,  sus héroes y sus epopeyas en cada mirada  del  personalismo,  del caudillismo,   del militarismo,   del partidismo,  del colectivismo y del socialismo. Todos   sucumben ante las tumbas del pasado y no dejan  espacio  para que la  historia  sirva a la vida,  al goce pleno de la libertad en el  presente,  olvidando y dejando  en sus    santuarios  a sus héroes que descansen en  paz.   


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