Programa de Febrero: significado político (21- 2-1936)
Transito histórico
del viejo orden liberal al Estado intervencionista
La Aurora del
Estado de Bienestar (Siglo XX)
Ramón Rivas Aguilar
El
programa Tierra de Gracia, la aurora del
ciudadano, esencia de la libertad
individual,
Fuente de la
riqueza material y cultural
de las naciones (siglo XXI)
“… algo otro se avecina….paulatinos desprendimientos que no alteran la fisonomía del todo, se ven
bruscamente interrumpidos por la aurora
que de pronto ilumina como un
rayo la imagen del nuevo mundo (Hegel.
La fenomenología del espíritu. Fondo de Cultura Económica, 1987.
En perspectiva histórica, lo que
significó para el porvenir de la Provincia
de Venezuela, la pequeña Venecia, en
aguas del Coquivacoa, impregnadas
de las turbulentas del
Caroní y del Orinoco, aquel anuncio que
hizo el General Eleazar López Contreras,
en su alocución radial con la célebre
lectura del Programa De
Febrero (1936-2026) y hace 90 años, aquel país rural con un atraso gigantesco material y cultural,
escuchó con entusiasmo y esperanza. No
todo estaba perdido. Una bofetada
histórica para aquello que solo veían imágenes
sombrías y decadentes
de un país que no tenía futuro.
Es decir, aquellas palabras,
pronunciadas por el General de los Tres Soles,
el más grande bolivariano del siglo XX,
tuvo una consecuencia
histórica que cambió para siempre el destino vital de aquella Venezuela que levantó su mirada hacia un horizonte, radiante y luminoso: el
fin del viejo orden liberal, bajo la impronta de una forma de ejercer el poder de forma tiránica, dictatorial, despótica y el nacimiento del Estado
Intervencionista como el motor
del desarrollo nacional. Ello, acorde con el espíritu de una época
histórica, en la que se promovió un clima intelectual, político, ideológico y
cultural sobre la génesis y proyección
de una mentalidad y una praxis
estatal a lo largo y ancho del planeta. Así, se inició la era del estatismo, del
intervencionismo, de la planificación y
la muerte del modelo liberal que había
alcanzado su gloria histórica con la revolución industrial, con el maquinismo bajo la
hegemonía del vasto imperio británico. Fue la era
del keynesianismo y la sepultura
de la riqueza de las naciones, en
el ánima del economista escoces. En ese sentido, una mirada histórica de tal naturaleza y de alcance universal el
culto al Estado, la cultura del subsidio
que vio con peligro para el
destino de la Civilización Occidental el
economista vienes Von Mises, uno de los fundadores de la Escuela Austriaca.
En ese contexto histórico, surgió
el Programa de Febrero. Un
Programa político y económico, una
respuesta a las demandas de la sociedad venezolana sin olvidar las
perspectivas planetarias donde la primera Guerra Mundial (914-1918) y la crisis
del año de 1929 replantearon y renovaron intelectual, política e
ideológicamente el nuevo papel
del Estado en la
planificación de la vida material y
cultural de las sociedades, ante las fallas de una economía liberal que puso en peligro el destino vital del planeta. Por tanto, el dilema histórico
universal: Estado vs. Mercado. En ese marco, el Programa de Febrero,
fruto de la realidad histórica nacional,
fue parte fundamental de esa dinámica
mundial, en la que Estado se convirtió en la palanca del Estado de bienestar, la
nueva utopía contra el viejo orden liberal que tanto entusiasmó al vasto
imperio británico.
El siglo XX, el siglo del culto
del Estado en contra de la Acción Humana, para bien o para mal. Así, el
Programa de Febrero, enmarcado en esa dimensión estatista de carácter universal, con sus ingredientes particulares y
singulares, como resultado de su
condición histórica, geográfica y cultural. En esa dimensión vital, El programa
de Febrero de una importancia capital para la historia política, económica y
cultural de la Venezuela del
siglo XX. Allí se contemplaron las bases
del estatismo, del intervencionismo y de la planificación que marcaron
el destino económico y social de
la nación, a lo largo de unas cuantas décadas. En efecto. Un parangón histórico
también lo constituyó el Gran Viraje (1990) que significó la muerte del modelo cepalista y el
nacimiento del modelo de mercado
a través del nuevo rol del Estado: echar los cimientos de una economía de libre
mercado. El resultado de esa nueva perspectiva política, un fracaso
como fruto de una gigantesca contrarreforma que se desató (1989-1998) por aquellos años.
Una contrarreforma que
representó para la nación una vuelta artificial al estatismo, al intervencionismo con una carga ideológica
revolucionaria y bolivariana de contenido socialista, colectivista, comunal y
plebiscitario cuyas consecuencias históricas están a la vista. Es
decir, muerte de la república y del
ánima empresarial, creativo e innovador de la acción humana. Hoy se avecina una
nueva etapa histórica, la aurora de una nueva Venezuela, tierra de gracias el
nuevo programa histórico centrado
en el papel estelar de la acción humana, del
individuo, del ciudadano como fuente
última de la riqueza material y cultural
de las naciones y acorde con los fundamentos, los valores y la tradición de la Civilización Occidental. Valores que han sido
destacados en la Conferencia de Múnich (2026) por el Secretario de Estado Mario Rubio como heredero político, religioso, espiritual y cultural
de la nación más poderosa de la
historia de la humanidad: Los EEUU. Una lección de Filosofía
de la historia, una manifestación
de la conciencia histórica, de una
personalidad gigantesca y
extraordinaria. Su discurso recoge la
grandeza histórica de la Civilización Occidental
que urge preservar, enriquecer e innovar en los próximos siglos. En otras palabras, la civilización
Occidental con su grandeza, alcance, contradicciones y paradojas es heredera de la cultura griega, romana e hispana como esencia fundamental
con los valores judeo-cristianos, fuente primigenia de la libertad, el
progreso y la felicidad.
Así, pues, atrás, en el pasado el Programa de febrero y sus modalidades de estatismo e
intervencionismo que se prolongó a lo
largo del siglo XX y parte del XXI. Hoy al igual que el programa de Febrero
(1936) y ante la nueva aurora histórica
se erige ante nuestros ojos un nuevo
programa Venezuela Tierra de
Gracia (2026) como esencia del
republicanismo, del civilismo, del liberalismo, de la democracia, del
federalismo y del libre mercado en una relación histórica de alcance planetario
unido al socio mayor de la historia universal, el guardián de la libertad y de
los valores de la civilización
occidental: los EEUU.
