Ramón Rivas Aguilar
Por más egoísta que quiera suponerse al hombre, evidentemente hay algunos
elementos en su naturaleza que lo hacen
interesarse en la suerte de los otros de, tal modo, que la felicidad de
éstos le es necesaria, aunque de ello nada obtenga al no ser el placer de presenciarla (Teoría de los sentimientos
morales, 1759)
No es la benevolencia del
carnicero, el cervecero o el panadero lo que nos procura Nuestra cena, sino la
atención que ponen ellos a su propio beneficio
(la riqueza de las Naciones, 1776)
Corría los años setenta. Eran los
años dorados, los años de la rebelión estudiantil, que perturbó la
paz de los burócratas y de los tecnócratas amantes del socialismo y del capitalismo. En esos días,
el destello del sol de los
venados, en la Cordillera
de Mérida, bajando a la Ciudad, por la
Avenida de Universidad, en una de sus aceras, en su orilla, la vieja Facultad de Economía. En el
fondo de sus pasillos, en la entrada de uno
de sus salones, la figura
portentosa del economista escoces Adam
Smith. Sí. Allí, lo conocí. Un joven economista y abogado, entusiasta,
Asdrúbal Baptista, disertaba sobre
La Riqueza de Las
Naciones, obra cumbre en la
historia de la literatura
económica universal. Así, quedé envuelto
en la atmósfera de la Riqueza de las naciones de Adam Smith: el hombre que develó
el fundamento último de la riqueza de las naciones con su célebre teoría
de la mano invisible. De esta amanera, comprendí la intención de los
insensatos ideólogos que fantaseaban con la ilusión de la tierra prometida y su
intención de destruir la mano invisible.
La historia ha demostrado la tragedia y el fracaso del socialismo que ha sumido
a la humanidad en una gigantesca tragedia
histórica con millones de muertos y la
destrucción de riqueza de las naciones. De igual modo, en las democracias surgieron las banderas del estatismo, con el célebre manual
para los políticos que proyectó en
su obra magna el maestro Keynes.
Hoy, todo ello se traduce en la tesis del
reseteo global que todos conocemos. En todo caso, Asdrúbal Baptista, un economista y abogado, estudioso de la
economía venezolana y con aportes en el
campo de la teoría de la renta y en
la historia cuantitativa de la economía nacional en aquella época impregnó
en una generación el alma de un economista, como Adam Smith, padre
de la economía política, del
capitalismo, que hoy muestra su vigor y
dinamismo y que ningún modelo alguno podrá superar. Sin embargo, en esa trayecto vital sobre
su preocupación central por examinar el origen y el destino
de la renta petrolera, en la Provincia de Venezuela, entre otras cosas, escribió un ensayo valioso sobre el carácter científico e histórico sobre
el pensamiento económico de su maestro
Adam Smith. En otra palabra, en los años ochenta, la Corporación de los
Andes y el CDCH-ULA, publicó dicho
ensayo, que reveló su capacidad, su conocimiento
y su disciplina científica en torno
a la obra compleja del economista de escocés. El tema central del ensayo
descansa en el rol de la ciencia y la historia, en ese entramado
del mundo material que examinó
el padre de la ciencia económica moderna. En efecto. El Sistema Intelectual de Adam
Smith: Ciencia e Historia (Mérida, 1980.358 p.). En esas líneas, una descripción sistemática
sobre la naturaleza de la ciencia, su objeto y su método para abordar la economía
desde una perspectiva científica
y su desenvolvimiento como proceso histórico. No tengo la menor duda, una obra única en la
historia intelectual de la Venezuela del siglo XX.Una referencia historiográfica, un camino
para quienes tienen preocupaciones por
el estudio de la economía. Esta obra, trasciende la
mirada economista y mecanicista, en estos tiempos de tanta complejidad, donde
la dinámica de la economía se reduce
a simples análisis técnicos y operativos
sin el calor de la acción humana. Es decir, la economía, como totalidad, bajo la impronta de una filosofía moral, el camino verdadero para un análisis de los fenómenos económicos
desde distintas perspectivas y miradas. Dejar en el olvido, el economicismo, el reduccionismo y cientificismo.
Hoy, se conmemoran trescientos años de la publicación de La riqueza de
las naciones de Adam Smith (1776-2026), la obra magna de la literatura
económica de la historia de la
humanidad. Esta celebración es especialmente significativa para que los jóvenes
economistas puedan examinar el mundo económico de hoy, interconectado y
globalizado, más allá de su visión
mecanicista, economicista y tecnocrática desde una mirada de la filosofía moral que cautivó y fascinó
la vida intelectual, filosófica y religiosa de Adam Smith.
