Elogio al Petróleo
Ramón Rivas Aguilar
A:
Humberto Calderón Berti
Para
bien o para mal, gústenos o no,
el aparecimiento del
petróleo, el oro negro, el estiércol del
diablo, es el evento histórico de mayor trascendencia del proceso
venezolano, desde que surgieron
las primeras oleadas humanas,
hace 15.000.a. c. No hay otro
evento de tal naturaleza, de tal
magnitud histórica, con unas implicaciones gigantescas en el
destino material y cultural de la Venezuela
del siglo XX y unas repercusiones de importancia en el
escenario petrolero mundial del
Hemisferio Occidental. Ni el proceso emancipador, ni la figura histórica del libertador y la guerra federal, tuvieron el alcance de lo que representó el oro negro para
la nación y el mundo. Asimismo, no existe otro hecho histórico con tantas referencias historiográficas en nuestro país, como la que le han dedicado al petróleo los especialistas y conocedores del tema.
En efecto, La Venezuela
del siglo XX, la Venezuela
moderna, la Provincia del Coquivacoa, con las aguas del lago y las
turbulentas del Caroní y del Orinoco,
hija del petróleo. Debemos sentirnos orgullosos de esa riqueza minera, en manos del Estado, con una voluntad política, unas minorías
selectas y una multitud, el motor de una
empresa nacional para hacer de nuestro país un lugar de importancia capital en el concierto de las naciones. La Venezuela
capitalista, empresarial,
creativa e innovadora,
republicana, civilista, democrática y
energética, una hazaña histórica, un logro
de alcance planetario, con su
grandeza, miseria, contradicciones y paradojas, como son todos
los fenómenos históricos. Sin dejar de destacar, un hecho
de trascendencia en la dinámica de las relaciones internacionales, en la que Venezuela a lo largo de un siglo, una fuente confiable y segura con su petróleo para los mercados y consumidores del Hemisferio Occidental, como todos ya
conocen. Por un lado, se convirtió en el primer exportador y segundo
productor de petróleo del mundo, después de los EEUU. Por otro, acá, en la provincia de
Venezuela, el capital petrolero
internacional, las compañías americanas y las inglesas, han sido los factores fundamentales en la creación de la industria petrolera más importante en el tercer mundo. En tal sentido, los hombres y los empresarios con sus
conocimientos, organizaciones y capital sembraron las bases
del futuro capital humano nacional, indispensables para dirigir el futuro de nuestra
industria después de su nacionalización (1976). Asimismo, la creación de la OPEP (1960), un hito histórico que
transformó las relaciones políticas, económicas del mundo
internacional, en los
últimos 40 años del siglo pasado. El nacionalismo petrolero un punto clave en las naciones del tercer
mundo. Al mismo tiempo, tuvo un impacto
de importancia capital en la Conferencia
del Mar, realizada en Caracas, en el año de 1974.De
igual modo, el proceso
de nacionalización , promovido por los países de la OPEP, representó
el ocaso del rentismo y el
paso hacia la configuración de
gigantescas corporaciones petroleras estatales,
empresas capitalistas, con una
presencia significativa en las economías
del mundo. Los fondos soberanos, el ejemplo
a estudiar. En otras palabras, el
paso de Estados rentistas a Estados
capitalistas. Un cambio estructural.
Sí. Corporaciones petroleras,
empresariales y financieras en
el circuito capitalista mundial. Capitalismo financiero, de origen rentista. Dentro de ese marco, la Venezuela del petróleo. Entre 1976 y
1998, Petróleos de Venezuela (PDVSA), una empresa capitalista estatal, se convirtió en una gigantesca corporación de energía, con una participación extraordinaria en el
mercado petrolero global. La internacionalización y la apertura petrolera una
muestra histórica de ese proceso de mundialización de nuestra industria del petróleo. De la misma manera, la perla del oro negro, la Faja Petrolífera del Orinoco, nos coloca para el futuro como la gran potencia
petrolera del mundo.
No obstante, el fin de
la República y de la industria petrolera
nacional, un propósito de una
revolución bolivariana, bajo la impronta
del espíritu estatista, socialista, colectivista y comunal (1999-2026), un
rotundo fracaso histórico. Sí. Dejamos de ser una República; un país petrolero y sin ninguna importancia
capital en la geopolítica del
petróleo en el Hemisferio Occidental. En otros términos, el ocaso del rentismo. El fin de la mentalidad y praxis de un
enfoque teórico, político e ideológico,
el enfoque rentista, cuyas raíces
intelectuales se pueden rastrear desde los años setenta, cuando Ruptura,
un partido de Izquierda, liderado
por el legendario guerrillero Douglas
Bravo, impulsó el debate sobre una nueva manera de abordar el tema petrolero nacional. Así, nació ese enfoque, que marcó el ánima de la revolución
bolivariana, que ya todos conocen. El
ocaso del rentismo, el fin de una
era histórica, nos abre el camino hacia la posibilidad de devolverle a Venezuela su espíritu republicano, petrolero
y geopolítico en la era de Donald Trump. Una República civilista, democrática,
liberal, federal, de libre mercado, con el gran socio histórico, el más poderoso imperio de todos los tiempos, los EEUU.
Hoy, se vislumbra un escenario global, con un proyecto imperial, al estilo
del gran emperador romano,
Adriano. Hoy el Donald Trump, es el Adriano en estos tiempos (en palabras de
César Vidal, historiador y periodista) de complejidad e incertidumbre, que está
moviendo de forma radical el tablero
geopolítico global, sobre la base de la defensa de los valores de la Civilización Occidental ante
el peligro de los bárbaros que
están afuera y dentro. La civilización
occidental peligra. Por esto, gústenos o no, para bien o para mal, la historia coloca a Donald Trump como el político, el empresario y el
religioso que tiene la
responsabilidad histórica de la preservación de la esencia de nuestra cultura occidental y recoge
en su anima el alma griega, el
alma romana, el alma judío cristiana y
la singularidad vital de la hispanidad
contra todos los enemigos históricos
que odian la libertad, esencia de nuestra civilización. Venezuela, la Venezuela repúblicana y civilista,
en sintonía histórica con ese
designio vital que lleva en su corazón la grandeza y la belleza de la estatua de la libertad, en el corazón
del más vasto imperio de la historia: los EEUU. En fin,
hoy, el elogio al petróleo,
memoria activa, en el marco de un
momento crucial de la historia
universal, en que los EEUU Y Venezuela, en un encuentro histórico, un sendero que marcará los destino de la
Civilización occidental, en una
trayectoria republicana, liberal, civilista, democrática, federalista y de
libre mercado contra toda cultura que derive en estatismo, intervencionismo, socialismo, totalitarismo, ideología de
género, ecologismo. Una batalla
cultural en defensa de la libertad y rechazo radical a toda ideología que pretenda someter al individuo al rebaño, al
colectivismo y al tribalismo en manos del gran mastín. No hay evasión posible.
