CARRACCIOLO PARRA PÉREZ: ESTADO, PETRÓLEO, REVALORIZACIÓN DEL BOLÍVAR Y DESARROLLO ECONÓMICO 1936-1941

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CARRACCIOLO PARRA PÉREZ:

ESTADO, PETRÓLEO, REVALORIZACIÓN DEL BOLÍVAR

Y DESARROLLO ECONÓMICO 1936-1941

 

(Edición Especial)

 

Ramón Rivas Aguilar

 

El insigne merideño Caracciolo Parra Pérez (1888-1964) reflexionó sobre el rol del Estado, el impacto del petróleo y la incidencia del valor del bolívar en la vida económica de la nación. Su pasión por la vida republicana y su experiencia diplomática por demás valiosa le animaron a examinar una serie de aspectos económicos, que estaban cambiando de manera radical el acontecer de la nación, que experimentaba, desde el gomecismo hasta el medinismo, un tránsito significativo entre una sociedad agraria a una sociedad urbana. Parra Pérez ofrece un enfoque novedoso al imprimirle un tratamiento muy singular a los temas económicos nacionales que, sin él proponérselo expresamente, van más allá de la celebérrima imagen de sembrar petróleo.

 

Caracciolo Parra Pérez, uno de los historiadores y diplomáticos de mayor prestigio de la Venezuela intelectual del siglo pasado, escribió obras —con estilo, sencillez y profundidad—sobre hechos históricos relevantes que afectaron el destino de la República, como el 19 de abril de 1810 y el 5 de julio de 1811; y sobre la figura estelar de Francisco de Miranda. Ejerció como diplomático durante los gobiernos de Gómez (1908-1935), López (1936-1941) y Medina (1941-1945), convirtiéndose en uno de los testigos fundamentales de los acontecimientos políticos, que marcaron el rumbo histórico de la civilización occidental (Fundación Polar, 1997).

 

Un hombre de excepción, cuya experiencia vital aunada a un testimonio auténtico configuraron una visión única. Ello le permitió advertir el peligro que representaba el comunismo en una Venezuela que, entre 1936 y 1945, transitaba entonces de la tiranía a la democracia. Consideró a los camaradas como agentes del imperialismo ruso, que incitaban en el país a “la lucha de clases”.  Para él era imprescindible que Venezuela se encauzara por la senda civilista. Bajo esa concepción, participó en la vida política venezolana durante ese tiempo.

 

 

 

 

La democracia, según su percepción, era el camino idóneo para salvar a Venezuela de la cortina de hierro. Con tal propósito, describió de siguiente modo la naturaleza política nefasta del sistema totalitario soviético, representado en la hoz y el martillo, que lo llevó a desconfiar, seguramente, de las ideologías como solución a los problemas políticos y económicos de las naciones:

 

  En Rusia, imperio de más de doscientos millones de habitantes, continúa el despotismo de una oligarquía apoyado en un ejército más militarizado y agresivo que el antiguo alemán; y que es dueña de la maquinaria del partido, el cual partido se compone de tres millones de inscritos […] Al cabo de cuarenta y cuatro de tiranía, se está aún en el periodo de la edificación del socialismo. La paciente rusa y el buen Mujik Iván no pertenecen ya al gran duque Vladimiro ni aun boyardo cualquiera, sino al Estado soviético cuyo presente avatar es el camarada Kruscheff. Porque esta última encarna el Estado soviético como Atahualpa encarna al Estado incaico (Diario de navegación, Caracas 1999, p. 223).

 

En consecuencia, la solución a nuestros problemas sería la implantación de un programa político y económico en sintonía con la realidad venezolana. Así, se lo comunicó a su amigo Diógenes Escalante, en un memorándum que, por cierto, inspiraría el célebre Programa de Febrero (sin negar por ello los aportes significativos del Alberto Adriani y Manuel Rafael Egaña):

 

  Va un memorándum improvisado, rápido, resumen de nuestras reflexiones sobre los diferentes ramos de la política y de la administración. Apunte que te servirá tal vez  de esquema para precisar un programa de urgencia, un plan orgánico […] Esas ideas y muchas otras nos son comunes. Repásalas a bordo, complétalas, sintetízalas en un papel sobrio, a tu manera. Es indispensable que, consejero escuchado como serás del presidente, le ofrezcas desde el principio una cooperación eficaz de ideas sanas y practicables. Nada de sistema: un programa […] importa que el nuevo régimen ofrezca rápidamente a la república un programa concreto, definido, que abrace todos los ramos de la administración y despierte el entusiasmo de nuestro paciente y admirable pueblo, incitándole a  poyar la candidatura de aquel hombre público para la presidencia constitucional (Caracciolo Parra Pérez,1999, p. 40).

 

En ese memorándum, como se ya dijo, Caracciolo Parra delineó las características económicas, fiscales, educativas, etc., que constituirían, en esencia, el Programa de Febrero (Diario de navegación, 1999). En consonancia con los criterios desarrollados en el memorándum, el Programa de Febrero fue sencillo y modesto; sin la connotación y los rasgos del Primer Plan Quinquenal soviético (1926). Rivas Aguilar (1983) suscribe la tesis de que el autor del Programa de Febrero fue Alberto Adriani. Igualmente, en entrevista entre este articulista y Fabio Maldonado Veloza con el ex ministro de Fomento, Manuel R. Egaña, éste mostró su desacuerdo con que Adriani fuese el autor intelectual del programa. Por ello, el ministro señaló:

 

El 21 de febrero de 1936 el Presidente López Contreras presentó al Congreso y la Nación el documento denominado Programa de Febrero. La iniciativa de este trabajo fue del doctor Diógenes Escalante, para entonces Ministro de Relaciones Interiores, quien lo elaboró conjuntamente con Alberto Adriani. Éste, a su vez, contó con mi asesoría como su íntimo amigo (Manuel R. Egaña, 1980).

 

En 1999, se publicaron las memorias de Caracciolo Parra Pérez, intituladas: Diario de Navegación, bajo el auspicio de la Academia Nacional de la Historia. Las hipótesis sobre la autoría del Programa de Febrero han proseguido. El historiador Luis Caraballo Vivas, al leer estas memorias, propone a Caracciolo Parra Pérez como el autor intelectual del mismo.

 

Como hombre público y diplomático de un país petrolero, Parra Pérez no fue ajeno a los problemas del oro negro, al tipo de cambio monetario, a la revalorización del bolívar y a su importancia en la vida material y cultural de la nación.

 

En cuanto al primer aspecto, es decir, el petrolero, para Parra Pérez la nación tenía que depender de los ingresos petroleros y debía utilizarlos racionalmente sin esperar, como alternativa, el retorno a la sociedad agraria venezolana del siglo XIX. Según él, el petróleo era la única riqueza disponible del país. Por lo tanto, había que sacarle el máximo provecho a las compañías petroleras y estimular, con el ingreso petrolero, una economía moderna acorde con las necesidades de la nación, sin añorar el retorno al edén agrario. Sin decirlo abiertamente, o quizás sin planteárselo como una bandera discursiva, combatió la imagen de sembrar el petróleo. Se deduce en las entrelíneas de su discurso memorístico que esa consigna producía una sensación de catastrofismo ante el temor del posible agotamiento “inmediato” del petróleo. Pareciera que para él era una tontería soñar con ese símbolo que encarnaba la construcción de una sociedad nacional post-petrolera.

 

En cuanto al segundo aspecto, relacionado con el tipo de cambio y nuestra moneda, él defendió la revalorización del bolívar como parte de una política cambiaria y monetaria donde el Estado contaría con más capacidad adquisitiva y podría planificar holgadamente el desarrollo económico. No había otro país como Venezuela, cuyo crecimiento económico dependiera tan férreamente del subsuelo. Podría añadirse que, al no existir una literatura económica abundante y clásica del primer mundo para explicar la naturaleza de un Estado petrolero como Venezuela, Caracciolo Parra Pérez inauguraba una concepción teórica sobre la acumulación ad hoc al país. Para este insigne merideño, lo fundamental era cómo extraer el mayor provecho económico al capital petrolero mundial mediante una inteligente política fiscal; y aprovechar, hasta donde fuera posible, la revalorización del  bolívar como una vía para obtener mayores recursos monetarios. Desde luego, él no examinó explícitamente la naturaleza del ingreso petrolero; pero sí demarcó, con su concepción de política, una vía rentista. Solo se interesó en la forma de cómo el Estado terrateniente tenía que aumentar la participación fiscal en las concesionarias extranjeras (impuestos altos con moneda fuerte). Así, el petróleo se vendería sin problemas en el mercado mundial. Había que “ordeñar a los petroleros con el Bolívar a su precio actual. Un país que lo importa todo y exporta poquísimo haría un disparate obrando de otro modo” (Diario de navegación, 1999, p. 87).

 

Sus propuestas se apartaron diametralmente de la añorada sociedad conuquera, arraigada en la mentalidad fisiocrática del siglo XIX. No cabe la menor duda que, para este historiador, el caso de Venezuela era singular porque su economía y moneda las determinaba una riqueza no derivada del trabajo productivo nacional: el petróleo; y señaló: “El caso de Venezuela no está en los libros” (Diario de navegación, 1999, p. 87). Definitivamente, él no creía en la desvalorización del bolívar como promotor de las exportaciones no tradicionales.

 

En tal sentido, ese izquierdismo infantil de volver la mirada hacia el pasado fisiocrático estaba prohibido en su concepción. Era una necedad insistir en la idea de la desvalorización del bolívar como solución al problema económico nacional. Sobre este punto, le escribió a Néstor Luis Pérez lo siguiente:

 

Espero que continuarás oponiéndote al disparate de la desvalorización del Bolívar, con la cual no ganarían son los petroleros. Venezuela, hoy, vive exclusivamente del petróleo, interesa venderlo caro para poder, con su ayuda, levantar la agricultura. Sería imperdonable error que nos pusiésemos a copiar libros o a imitar ejemplos que no vienen al caso ¿Qué Inglaterra desvalorizó? Pero, ¿pueden ni por un momento las condiciones de este país con las de Venezuela? Y el experimento en Bélgica, Checoslovaquia y otros Estados ha sido malo. A los teorizantes de la desvalorización se oponen otros teorizantes que piensan de modo contrario. Y a todos deben ponérseles delante de los ojos el caso concreto de Venezuela, que no se parece a los demás (Diario de navegación, 1999, p.  97).        

 

 

 

 

Profundizando sobre el tema petrolero, este historiador conversó con el economista francés Pierre Denis, en el año de 1936, comunicándole su visión peculiar sobre la cuestión petrolera y sobre el destino que debían tener los ingresos producidos por el oro negro desde una perspectiva venezolana:

Pregunta el economista francés:

¿Qué piensa sobre el problema petrolero?

Respondió Parra Pérez: (No hay problema)

¿Quiere la respuesta de un libro o de un venezolano?

Vea usted:

El petróleo es una vaca y las vacas tienen cuatro tetas. Venezuela puede chupar a dos carriles tres tetas; pero debe dejar la cuarta al becerro porque si muere el becerrillo se acaba la leche. 

Ahora bien, ¿Y las teorías científicas y las ideologías sociales y patrióticas?

-Al cesto (Diario de navegación, 1999, p. 88).

 

¿Qué hacer? No matar el becerrillo, e invertir gran parte de los ingresos petroleros en el crecimiento económico mediante un vasto plan de inmigración con población blanca, como se creía era lo idóneo entonces, sin añorar los idílicos bosques del poeta Virgilio. Sobre ese plan de inmigración de población blanca antes referida, Caracciolo Parra Pérez sugirió lo siguiente:

1º: Adopción de una política de inmigración y elaboración de un programa que permita realizarla. El problema de la colonización intensiva que preocupa a los países nuevos se consideran a la mayor parte de estos como un todo complejo cuya resolución no puede abandonarse a veleidades intermitentes ni al azar de iniciativas aisladas.

2º: Voto por el Congreso Nacional de los créditos necesarios para la aplicación del citado programa. Los países de colonización, aún aquellos que por su prosperidad y por los resultados obtenidos podrían disminuir la intensidad de su labor pobladora, invierten sumas enormes en este capítulo. Colonizar es crear riqueza. Los gobiernos de Australia y Nueva Zelandia han destinado a las necesidades de la inmigración en el sólo ejercicio económico del año corriente, la suma de 3.000.000 de libras esterlinas, equivalentes a 72.000.000 de Bolívares. El gobierno metropolitano de la Gran Bretaña, a pesar de los grandes sacrificios que la situación actual impone al contribuyente británico, ha consentido a tomar a su cargo el  pago  de la mitad de aquella suma.

3º: creación de un organismo autónomo, dependiente como es natural del ministerio de fomento y encargado de ejecutar la política del gobierno en particular (Diario de Navegación, 1936, p.161).

 

 

Para  Parra Pérez, ésta era la estrategia apropiada para Venezuela de su tiempo. Insistió en la idea de una moneda fuerte y de que teníamos que vivir del petróleo, sin creer en una economía post-petrolera asediada por el peligro inminente de un agotamiento repentino del oro negro. Igualmente, consideró que se debía estimular el crecimiento  modesto de la agricultura y de la industria. A Venezuela, para ese momento, se le veía con un brillante porvenir por contar con una abundancia significativa de hidrocarburos para alimentar el aparato industrial de los países de Occidente. Sobre la necesidad de mantener una moneda fuerte y de que teníamos que vivir del petróleo, reiteró:

 

La necesidad del Estado venezolano de vivir del impuesto del petróleo es la razón más poderosa, aunque no la única, de mantener el valor actual del bolívar. País de importación sobre todo, Venezuela ha menester una moneda cara o alta. Conozco todos los argumentos que se presentan en favor de la desvalorización de las monedas en general y del bolívar en particular: ninguna es convincente. Sin embargo, ciertos países, la Argentina, por ejemplo, que vive de su agricultura y cría, pueden tener, en la absurda pero efectiva depreciación de las monedas de sus clientes, interés real en mantener la propia a nivel bajo para poder competir con otros países exportadores de productos idénticos a los suyos. En cambio, Venezuela “vende” por decir así su principal producto actual, el petróleo, bastante caro para poder sostener la administración y crear una economía nacional y estable. Por qué, entonces, querer bajar el bolívar para exclusivo beneficio de los petroleros y acaso a unos poseedores de libras y de dólares. Sobre moneda pueden escribirse y leerse mil libros, el doctor Gustavo herrera alguna vez con acierto y agudeza que en el caso de Venezuela el único libro que debe consultarse es el que nadie lee: el libro de caja (Diario de navegación, 1938, p. 287).

 

En otras palabras, vivir del petróleo y preservar un bolívar fuerte, era de suma importancia para  Caracciolo Parra, por cuanto ello traería consecuencias significativas para el porvenir económico del país. Por un lado, el Estado contaría con suficientes recursos financieros para mantener la administración pública; y por el otro, impulsaría el crecimiento económico a favor de la sociedad en general.

 

Por estas razones, él, asombrosamente, no tomó en cuenta ni mencionó siquiera la frase que ha atormentado por décadas a la élite del país: sembrar el petróleo. En tal sentido, estamos en desacuerdo con el periodista Simón Alberto Consalvi, presentador de las memorias de Caracciolo Parra, al sostener la tesis de que es posible intuir la imagen de sembrar el petróleo en el historiador. Aquí se sostiene la tesis de que esa frase, que asomó por vez primera César Zumeta, por los años veinte del siglo pasado (Rivas Aguilar, 1999), no tuvo ninguna resonancia en las ideas  económicas  examinadas por Caracciolo Parra  en  sus memorias. En consecuencia, la tesis de que hay que sembrar el petróleo porque es un recurso finito no es objeto de preocupación en la visión de Parra Pérez. La concepción de Caracciolo Parra fue pragmática y de sentido común: vivamos del petróleo, saquémosle el máximo provecho y fomentemos una economía nacional sin temer que algún día llegará la presentida tragedia histórica nacional: el agotamiento del petróleo.

 

Dentro de esa perspectiva, el historiador Caracciolo Parra estaba inaugurando una nueva concepción teórica sobre la acumulación de capital en Venezuela desde una visión rentista. Se le puede considerar como el padre del rentismo en Venezuela.

 

Referencias bibliográficas

 

Caracciolo Parra Pérez. Diario de navegación. Presentación por Simón Alberto Consalvi. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1999, 394 p.

 

Fundación Polar. (1997). Diccionario de Historia de Venezuela.  Volumen 3, 2da. Edición, Caracas,  pp. 506-507

 

Manuel R. Egaña. (1980). Conversaciones en Caracas.

 

Rivas Aguilar,  Ramón A. (1999). Venezuela: Apertura petrolera y geopolítica 1948-58. Universidad de Los Andes, Consejo de Publicaciones, Mérida. 411 p.


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