CARRACCIOLO
PARRA PÉREZ:
ESTADO,
PETRÓLEO, REVALORIZACIÓN DEL BOLÍVAR
Y
DESARROLLO ECONÓMICO 1936-1941
(Edición
Especial)
Ramón
Rivas Aguilar
El
insigne merideño Caracciolo Parra Pérez (1888-1964) reflexionó sobre el rol del
Estado, el impacto del petróleo y la incidencia del valor del bolívar en la
vida económica de la nación. Su pasión por la vida republicana y su experiencia
diplomática por demás valiosa le animaron a examinar una serie de aspectos
económicos, que estaban cambiando de manera radical el acontecer de la nación,
que experimentaba, desde el gomecismo hasta el medinismo, un tránsito
significativo entre una sociedad agraria a una sociedad urbana. Parra Pérez
ofrece un enfoque novedoso al imprimirle un tratamiento muy singular a los
temas económicos nacionales que, sin él proponérselo expresamente, van más allá
de la celebérrima imagen de sembrar
petróleo.
Caracciolo
Parra Pérez, uno de los historiadores y diplomáticos de mayor prestigio de
Un
hombre de excepción, cuya experiencia vital aunada a un testimonio auténtico
configuraron una visión única. Ello le permitió advertir el peligro que
representaba el comunismo en una Venezuela que, entre 1936 y 1945, transitaba
entonces de la tiranía a la democracia. Consideró a los camaradas como agentes
del imperialismo ruso, que incitaban en el país a “la lucha de clases”. Para él era imprescindible que Venezuela se
encauzara por la senda civilista. Bajo esa concepción, participó en la vida
política venezolana durante ese tiempo.
La
democracia, según su percepción, era el camino idóneo para salvar a Venezuela
de la cortina de hierro. Con tal
propósito, describió de siguiente modo la naturaleza política nefasta del
sistema totalitario soviético, representado en la hoz y el martillo, que lo
llevó a desconfiar, seguramente, de las ideologías como solución a los
problemas políticos y económicos de las naciones:
En Rusia, imperio de más de doscientos
millones de habitantes, continúa el despotismo de una oligarquía apoyado en un
ejército más militarizado y agresivo que el antiguo alemán; y que es dueña de
la maquinaria del partido, el cual partido se compone de tres millones de
inscritos […] Al cabo de cuarenta y cuatro de tiranía, se está aún en el
periodo de la edificación del socialismo. La paciente rusa y el buen Mujik Iván
no pertenecen ya al gran duque Vladimiro ni aun boyardo cualquiera, sino al
Estado soviético cuyo presente avatar es el camarada Kruscheff. Porque esta
última encarna el Estado soviético como Atahualpa encarna al Estado incaico (Diario de navegación, Caracas 1999, p.
223).
En
consecuencia, la solución a nuestros problemas sería la implantación de un
programa político y económico en sintonía con la realidad venezolana. Así, se
lo comunicó a su amigo Diógenes Escalante, en un memorándum que, por cierto,
inspiraría el célebre Programa de Febrero (sin negar por ello los aportes
significativos del Alberto Adriani y Manuel Rafael Egaña):
Va un memorándum improvisado, rápido, resumen
de nuestras reflexiones sobre los diferentes ramos de la política y de la
administración. Apunte que te servirá tal vez
de esquema para precisar un programa de urgencia, un plan orgánico […]
Esas ideas y muchas otras nos son comunes. Repásalas a bordo, complétalas,
sintetízalas en un papel sobrio, a tu manera. Es indispensable que, consejero
escuchado como serás del presidente, le ofrezcas desde el principio una
cooperación eficaz de ideas sanas y practicables. Nada de sistema: un programa
[…] importa que el nuevo régimen ofrezca rápidamente a la república un programa
concreto, definido, que abrace todos los ramos de la administración y despierte
el entusiasmo de nuestro paciente y admirable pueblo, incitándole a poyar la candidatura de aquel hombre público
para la presidencia constitucional (Caracciolo Parra Pérez,1999, p. 40).
En
ese memorándum, como se ya dijo, Caracciolo Parra delineó las características
económicas, fiscales, educativas, etc., que constituirían, en esencia, el
Programa de Febrero (Diario de navegación,
1999). En consonancia con los criterios desarrollados en el memorándum, el
Programa de Febrero fue sencillo y modesto; sin la connotación y los rasgos del
Primer Plan Quinquenal soviético (1926). Rivas Aguilar (1983) suscribe la tesis
de que el autor del Programa de Febrero fue Alberto Adriani. Igualmente, en entrevista
entre este articulista y Fabio Maldonado Veloza con el ex ministro de Fomento,
Manuel R. Egaña, éste mostró su desacuerdo con que Adriani fuese el autor
intelectual del programa. Por ello, el ministro señaló:
El 21 de febrero
de 1936 el Presidente López Contreras presentó al Congreso y
En
1999, se publicaron las memorias de Caracciolo Parra Pérez, intituladas: Diario de Navegación, bajo el auspicio
de
Como
hombre público y diplomático de un país petrolero, Parra Pérez no fue ajeno a
los problemas del oro negro, al tipo de cambio monetario, a la revalorización
del bolívar y a su importancia en la vida material y cultural de la nación.
En
cuanto al primer aspecto, es decir, el petrolero, para Parra Pérez la nación
tenía que depender de los ingresos petroleros y debía utilizarlos racionalmente
sin esperar, como alternativa, el retorno a la sociedad agraria venezolana del
siglo XIX. Según él, el petróleo era la única riqueza disponible del país. Por
lo tanto, había que sacarle el máximo provecho a las compañías petroleras y
estimular, con el ingreso petrolero, una economía moderna acorde con las
necesidades de la nación, sin añorar el retorno al edén agrario. Sin decirlo
abiertamente, o quizás sin planteárselo como una bandera discursiva, combatió
la imagen de sembrar el petróleo. Se
deduce en las entrelíneas de su discurso memorístico que esa consigna producía
una sensación de catastrofismo ante el temor del posible agotamiento
“inmediato” del petróleo. Pareciera que para él era una tontería soñar con ese
símbolo que encarnaba la construcción de una sociedad nacional post-petrolera.
En
cuanto al segundo aspecto, relacionado con el tipo de cambio y nuestra moneda,
él defendió la revalorización del bolívar como parte de una política cambiaria
y monetaria donde el Estado contaría con más capacidad adquisitiva y podría
planificar holgadamente el desarrollo económico. No había otro país como
Venezuela, cuyo crecimiento económico dependiera tan férreamente del subsuelo.
Podría añadirse que, al no existir una literatura económica abundante y clásica
del primer mundo para explicar la naturaleza de un Estado petrolero como
Venezuela, Caracciolo Parra Pérez inauguraba una concepción teórica sobre la
acumulación ad hoc al país. Para este
insigne merideño, lo fundamental era cómo extraer el mayor provecho económico
al capital petrolero mundial mediante una inteligente política fiscal; y
aprovechar, hasta donde fuera posible, la revalorización del bolívar como una vía para obtener mayores
recursos monetarios. Desde luego, él no examinó explícitamente la naturaleza
del ingreso petrolero; pero sí demarcó, con su concepción de política, una vía rentista.
Solo se interesó en la forma de cómo el Estado terrateniente tenía que aumentar
la participación fiscal en las concesionarias extranjeras (impuestos altos con
moneda fuerte). Así, el petróleo se vendería sin problemas en el mercado
mundial. Había que “ordeñar a los
petroleros con el Bolívar a su precio actual. Un país que lo importa todo y
exporta poquísimo haría un disparate obrando de otro modo” (Diario de navegación, 1999, p. 87).
Sus
propuestas se apartaron diametralmente de la añorada sociedad conuquera,
arraigada en la mentalidad fisiocrática del siglo XIX. No cabe la menor duda
que, para este historiador, el caso de Venezuela era singular porque su
economía y moneda las determinaba una riqueza no derivada del trabajo
productivo nacional: el petróleo; y señaló: “El
caso de Venezuela no está en los libros” (Diario de navegación, 1999, p. 87). Definitivamente, él no creía en
la desvalorización del bolívar como promotor de las exportaciones no
tradicionales.
En
tal sentido, ese izquierdismo infantil de volver la mirada hacia el pasado
fisiocrático estaba prohibido en su concepción. Era una necedad insistir en la
idea de la desvalorización del bolívar como solución al problema económico
nacional. Sobre este punto, le escribió a Néstor Luis Pérez lo siguiente:
Espero que
continuarás oponiéndote al disparate de la desvalorización del Bolívar, con la
cual no ganarían son los petroleros. Venezuela, hoy, vive exclusivamente del
petróleo, interesa venderlo caro para poder, con su ayuda, levantar la
agricultura. Sería imperdonable error que nos pusiésemos a copiar libros o a
imitar ejemplos que no vienen al caso ¿Qué Inglaterra desvalorizó? Pero,
¿pueden ni por un momento las condiciones de este país con las de Venezuela? Y
el experimento en Bélgica, Checoslovaquia y otros Estados ha sido malo. A los
teorizantes de la desvalorización se oponen otros teorizantes que piensan de
modo contrario. Y a todos deben ponérseles delante de los ojos el caso concreto
de Venezuela, que no se parece a los demás (Diario de navegación, 1999, p. 97).
Profundizando sobre el
tema petrolero, este historiador conversó con el economista francés Pierre
Denis, en el año de 1936, comunicándole su visión peculiar sobre la cuestión
petrolera y sobre el destino que debían tener los ingresos producidos por el
oro negro desde una perspectiva venezolana:
Pregunta el
economista francés:
¿Qué piensa sobre
el problema petrolero?
Respondió Parra
Pérez: (No hay problema)
¿Quiere la
respuesta de un libro o de un venezolano?
Vea usted:
El petróleo es una
vaca y las vacas tienen cuatro tetas. Venezuela puede chupar a dos carriles
tres tetas; pero debe dejar la cuarta al becerro porque si muere el becerrillo
se acaba la leche.
Ahora bien, ¿Y las
teorías científicas y las ideologías sociales y patrióticas?
-Al cesto (Diario
de navegación, 1999, p. 88).
¿Qué
hacer? No matar el becerrillo, e invertir gran parte de los ingresos petroleros
en el crecimiento económico mediante un vasto plan de inmigración con población
blanca, como se creía era lo idóneo entonces, sin añorar los idílicos bosques
del poeta Virgilio. Sobre ese plan de inmigración de población blanca antes
referida, Caracciolo Parra Pérez sugirió lo siguiente:
1º: Adopción de
una política de inmigración y elaboración de un programa que permita
realizarla. El problema de la colonización intensiva que preocupa a los países
nuevos se consideran a la mayor parte de estos como un todo complejo cuya
resolución no puede abandonarse a veleidades intermitentes ni al azar de
iniciativas aisladas.
2º: Voto por el
Congreso Nacional de los créditos necesarios para la aplicación del citado
programa. Los países de colonización, aún aquellos que por su prosperidad y por
los resultados obtenidos podrían disminuir la intensidad de su labor pobladora,
invierten sumas enormes en este capítulo. Colonizar es crear riqueza. Los
gobiernos de Australia y Nueva Zelandia han destinado a las necesidades de la
inmigración en el sólo ejercicio económico del año corriente, la suma de
3.000.000 de libras esterlinas, equivalentes a 72.000.000 de Bolívares. El
gobierno metropolitano de la Gran Bretaña, a pesar de los grandes sacrificios
que la situación actual impone al contribuyente británico, ha consentido a
tomar a su cargo el pago de la mitad de aquella suma.
3º: creación de un
organismo autónomo, dependiente como es natural del ministerio de fomento y
encargado de ejecutar la política del gobierno en particular (Diario de
Navegación, 1936, p.161).
Para Parra Pérez, ésta era la estrategia apropiada
para Venezuela de su tiempo. Insistió en la idea de una moneda fuerte y de que
teníamos que vivir del petróleo, sin creer en una economía post-petrolera
asediada por el peligro inminente de un agotamiento repentino del oro negro. Igualmente,
consideró que se debía estimular el crecimiento modesto de la agricultura y de la industria. A
Venezuela, para ese momento, se le veía con un brillante porvenir por contar
con una abundancia significativa de hidrocarburos para alimentar el aparato
industrial de los países de Occidente. Sobre la necesidad de mantener una
moneda fuerte y de que teníamos que vivir del petróleo, reiteró:
La necesidad del Estado
venezolano de vivir del impuesto del petróleo es la razón más poderosa, aunque
no la única, de mantener el valor actual del bolívar. País de importación sobre
todo, Venezuela ha menester una moneda cara o alta. Conozco todos los
argumentos que se presentan en favor de la desvalorización de las monedas en
general y del bolívar en particular: ninguna es convincente. Sin embargo,
ciertos países, la Argentina, por ejemplo, que vive de su agricultura y cría,
pueden tener, en la absurda pero efectiva depreciación de las monedas de sus
clientes, interés real en mantener la propia a nivel bajo para poder competir
con otros países exportadores de productos idénticos a los suyos. En cambio,
Venezuela “vende” por decir así su principal producto actual, el petróleo,
bastante caro para poder sostener la administración y crear una economía
nacional y estable. Por qué, entonces, querer bajar el bolívar para exclusivo
beneficio de los petroleros y acaso a unos poseedores de libras y de dólares.
Sobre moneda pueden escribirse y leerse mil libros, el doctor Gustavo herrera
alguna vez con acierto y agudeza que en el caso de Venezuela el único libro que
debe consultarse es el que nadie lee: el libro de caja (Diario de navegación,
1938, p. 287).
En
otras palabras, vivir del petróleo y preservar un bolívar fuerte, era de suma
importancia para Caracciolo Parra, por
cuanto ello traería consecuencias significativas para el porvenir económico del
país. Por un lado, el Estado contaría con suficientes recursos financieros para
mantener la administración pública; y por el otro, impulsaría el crecimiento
económico a favor de la sociedad en general.
Por
estas razones, él, asombrosamente, no tomó en cuenta ni mencionó siquiera la
frase que ha atormentado por décadas a la élite del país: sembrar el petróleo. En tal sentido, estamos en desacuerdo con el
periodista Simón Alberto Consalvi, presentador de las memorias de Caracciolo
Parra, al sostener la tesis de que es posible intuir la imagen de sembrar el
petróleo en el historiador. Aquí se sostiene la tesis de que esa frase, que
asomó por vez primera César Zumeta, por los años veinte del siglo pasado (Rivas
Aguilar, 1999), no tuvo ninguna resonancia en las ideas económicas
examinadas por Caracciolo Parra
en sus memorias. En consecuencia,
la tesis de que hay que sembrar el petróleo porque es un recurso finito no es
objeto de preocupación en la visión de Parra Pérez. La concepción de Caracciolo
Parra fue pragmática y de sentido común: vivamos del petróleo, saquémosle el
máximo provecho y fomentemos una economía nacional sin temer que algún día
llegará la presentida tragedia histórica nacional: el agotamiento del petróleo.
Dentro
de esa perspectiva, el historiador Caracciolo Parra estaba inaugurando una
nueva concepción teórica sobre la acumulación de capital en Venezuela desde una
visión rentista. Se le puede considerar como el padre del rentismo en
Venezuela.
Referencias
bibliográficas
Caracciolo
Parra Pérez. Diario de navegación.
Presentación por Simón Alberto Consalvi. Biblioteca de
Fundación
Polar. (1997). Diccionario de Historia de
Venezuela. Volumen 3, 2da. Edición,
Caracas, pp. 506-507
Manuel
R. Egaña. (1980). Conversaciones en
Caracas.
Rivas
Aguilar, Ramón A. (1999). Venezuela: Apertura petrolera y geopolítica
1948-58. Universidad de Los Andes, Consejo de Publicaciones, Mérida. 411 p.
