Dialogo imaginario
entre Simón Bolívar y Juan Vicente Gómez
¿Sobre el mejor acuerdo petrolero
de la historia? (Donald Trump, 2026)
Ramón Rivas Aguilar
Gómez: La Casa Blanca no
calculó las consecuencias
históricas de la impopularidad del muy
nombrado Alejandro Betancourt, mediador del acuerdo
petrolero que murió antes de nacer.
Un eacuerdo de tal naturaleza que oculta el poder de
grupos de empresarios y políticos
de ayer y de hoy con la contraofensiva histórica para impedir la constitución de una auténtica Republica
liberal, democrática, federal y de
libre mercado. La Venezuela
Decente que encarna el espíritu republicano María Corina
Machado. Un ejercicio de la imaginación que se desata en mi ánima en
las altas montañas andinas. La nación exige democracia.
El imperio americano con la
obsesión del oro negro no comprende
que el país de 1926 es el país
del 2026. Sí. La nación
exige su libertad para debatir su destino vital en un ambiente
auténticamente republicano, liberal, civilista y democrático.
Simón Bolívar: Genial esa
intuición histórica mi general, en la
vitalidad de un hombre como usted que
conoce el alma de los
mortales, nada que envidiar al más grande novelista de todos los tiempos que dejó
a la posteridad aquella novela
que todos desean leer: Memoria
del subsuelo. Al mismo tiempo,
con la percepción histórica de que
el camino es la democracia y la
libertad. Hagamos un poco de historia.
Simón Bolívar: Mi general, el titán de los andes, el heredero de mi obra
política. Un panorama difícil y complejo, en una época histórica, devorada por los odios, por las ambiciones,
por los personalismos, la violencia, la barbarie, sin ningún resultado favorable
hacia el porvenir de las naciones post-independentista. Sí. Un total fracaso
histórico. He arado en el mar. No obstante, la historia y
la providencia lo colocaron a usted en el camino
para pacificar el país y promover la reforma y la apertura hacia el
capitalismo americano. Su presencia
histórica fue clave para comprender cuán
vital fue su postura liberal
que impulsó la creación de la
industria petrolera del país,
producto del espíritu empresarial
de los titanes de la industria del petróleo de los EEUU. Un mérito histórico bajo su
mandato gubernamental. Todo eso, en el
marco de una nación que se hizo
respetar ante el mundo sin servilismo, vasallaje ni tutelaje. En efecto.
En su gobierno se echaron los
cimientos institucionales, las bases de una arquitectura legislativa
que puso orden al negocio del
petróleo. Al mismo tiempo, una
legislación petrolera que se desarrolló
entre 1918 y 1935 que reivindicó la soberanía
sobre los recursos naturales. Antes de 1918, a ciegas con unos códigos de minas que hacían posible el amiguismo, el compinche,
las irregularidades administrativa y la corrupción. Un intento
por organizar de una forma más racional la cuestión petrolera. Esa
legislación petrolera que se desplegó
entre esos años fue producto de la
inteligencia criolla, de figuras
estelares de su gobierno como lo
fueron Gumersindo Torres, Pedro Manuel Arcaya, Gil Fortoul, Luis Calvani, José
Antonio Tagliaferro y otros. Por supuesto, no somos ángeles. Somos mortales. La
tentación es parte de nuestra naturaleza
humana. Pecamos. Aun, así, constituyó un esfuerzo por
mejorar la condición de país
petrolero y así mirar con
buenos ojos el porvenir de la patria. En todo caso hay
que rechazar esa
mentira histórica que se irradió
por todo el siglo XX y parte del tercer milenio al usted afirmar que las
compañías petroleras lo siguiente:
“hagan ustedes las leyes que son los que saben”. Hasta hoy
persiste esa imagen perversa y nefasta. Al mismo tiempo, se impuso el zoroastrismo
criollo: Gumersindo Torres, es el nacionalista y el revolucionario impoluto. Y
el general Gómez, es el entreguista y el pro imperialista. Una ´perversidad
historiográfica. Nada de eso .Mi general, usted fue tan
nacionalista y revolucionario, como lo fue Gumersindo Torres. Su gobierno,
republicano y tiránico impulsó las reformas y la apertura para hacer de Venezuela una nación moderna. Entre luces y
sombras, alcance, límites,
contradicciones y paradojas, se puede
afirmar que ningún evento histórico, con la impronta del hombre escapa a su grandeza y miseria. Insisto,
no somos ángeles sino somos
mortales. Sin su presencia no se podrá
comprender en su justa dimensión
histórica la Venezuela del siglo XX. Se
le reconoce como el constructor del Estado moderno, de la pacificación del
país, del nacimiento de la industria petrolera,
del pago de la deuda externa, de
la reforma fiscal y de la unificación
geográfica y económica de la nación. Sí. Todo ello, en el ámbito
de una forma de ejercer el poder de manera dictatorial y tiránica.
Podría decir que usted comprendió la
lección histórica que yo legué como libertador.
Fui dictador en tres periodos
históricos. Por cierto, a Mussolini le encantaba esa forma ejercer el poder con la visión que desarrollé
en el periodo emancipador. La
historiografía venezolana insiste sobre su espíritu entreguista y pro imperialista, dejan
por fuera a su
entrañable Don Cipriano Castro, bondadoso con su amigos, en el otorgamientos
de concesiones petroleras y en la
pérdida de la soberanía nacional, con la firma de los Protocolos
de Washington y los ruegos al naciente imperio americano para interceder en el bloqueo que le impusieron los acreedores extranjeros al país. En fin, la historia está a
su favor. Fue una figura histórica en
la edificación de la modernización de la Venezuela del siglo
XX. Por cierto, en el inventario
de su fortuna, ni una imagen
del oro negro. Asimismo, una falacia histórica la tesis que sostienen políticos
venezolanos, de una supuesta
compañía petrolera nacional, de su
propiedad, para beneficiar a su familia y amigos en materia de
concesiones. Ahora, bien, tengo una inquietud, que quiero
que usted mi general, aclare: ¿ Qué le parece ese
acuerdo entre EEUU Y
Venezuela, el mejor acuerdo petrolero
de la historia, en palabras de
Donald Trump?.
General Juan V. Gómez: Usted sabe
Libertador que tengo simpatía por el imperio americano. El
imperio que con
sus corporaciones petroleras edificaron la industria petrolera nacional. Sin
negar el papel de otros imperios y sus
empresas del oro negro. Estado Unidos un socio natural. Un socio
histórico. En el país el dólar y el Bolívar, dos monedas fuertes que fortalecieron en el
tiempo el crecimiento económico, según
algunos economista, el más alto de
nuestra historia económica mundial (1920-1977). Sin los EEUU
y sus compañías petroleras, el
país estaría todavía en la era del cafeto,
del cacao, de los hatos y del andar mercantil de las recuas de mula. Es mi modesta opinión. En cuanto al
acuerdo petrolero es el mejor de la historia,
en palabras del hombre del
norte, el hombre de la Casa Blanca. Sin
embargo, tengo muchas dudas que me obligan al silencio. Un acuerdo entre la
sombra y la noche del mundo
medieval. Un acuerdo algo “chucuto” y sin
transparencia. Creo que el imperio del
norte se equivocó. No niego que en mi
gobierno no se hayan cometido
irregularidades en el otorgamiento
concesiones petroleras; por supuesto que las hubo. Además, algunas
ventajas y preferencias de esa misma dinámica para
familias y amigos. Por los menos los cuatro mil títulos
que se otorgaron entre 1920 y
1938, en materia de petróleo, quedaron registrados en las
Memorias del Ministerio de fomento y que cualquier ciudadano puede revisar. Aún más los gobiernos democráticos las han publicados en una
colección de volúmenes para
que cualquier estudioso del tema pueda
utilizarlos en aras de sus investigaciones.
Asimismo, en las bibliotecas
oficiales del Estado reposa la
cartografía sobre todo lo relacionado
con el oro negro. No
obstante, el acuerdo que anunció la Casa
Blanca ha provocado una reacción
nacional que ha puesto nervioso al
gobierno americano. Lo que se percibe en
el país
son dudas, desconcierto, confusión y desorientación. Tanto los
especialistas en esa materia y los no
especialistas, están atrapados en la caverna de Platón. Esperemos nuevas
noticias sobre el punto, desde la nación
de la estatua de libertad. Creo, libertador no prosperará. En mi
gobierno tiránico y dictatorial, sin
prensa libre y con presos políticos los temas petroleros se ventilaron a la luz del día. Una muestra
de ello,
es La legislación petrolera publicada
en Gaceta Oficial Extraordinaria además de todas las concesiones otorgadas a venezolanos
y extranjeros. Le sugiero a mis enemigos la
lectura de unos de los boletines
del Ministerio de Fomento, editado en el año de 1938, en que aparece una
lista de esas concesiones desde 1920 y
1938, con nombres y apellidos y figuras naturales y jurídicas.
Hoy, en la edad de las redes
sociales, en la era de la globalización, en la era del resplandor y donde el sol sale por todos lados nos encontramos en plena
oscuridad sobre un
acuerdo petrolero que seguro irá al
fracaso total. La nación
exige un debate nacional a los responsables de ese acuerdo para determinar los alcances
y los límites de un proyecto de tal envergadura que
compromete el destino y el futuro de Venezuela. Es mi
modesta opinión sobre un tema
de tanta importancia para
el porvenir de la nación,
que jamás hubiese aceptado en mi gobierno. Un gobierno
no democrático. Sí. La reforma
petrolera de 1943, la nacionalización
del petróleo, la internacionalización y la apertura petrolera al
calor de los debates en
sociedades liberales y democráticas,
sin opacidad y engaños
artificiosos. Un ejemplo de ello, las concesiones petroleras otorgadas entre
1956 y 1957, en un marco de competencia y subastas lícitas sin el asomo
del amiguismo ni del compinche. Es vital abrir un escenario nacional en
el que se discuta los alcances y limitaciones de este acuerdo que pone en vilo
el destino de nuestra nación. Todo ello, en el marco democrático a través de un
proceso de transición transparente y urgente que no se puede postergar por más
tiempo. No hay evasión posible.
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