Sembrar el petróleo: Muerte de
una Frase
Década Militar (1948-1958)
Cesar Zumeta:
“Mi General:
Cuando las minas se agoten
Florecerá en
tierra venezolana el grato perfume
De sus frutos” (1923)
Ramón Rivas Aguilar
El 14 de julio de 1936, en el periódico
Ahora, se publicó en su editorial la célebre frase “Sembrar el petróleo”. El padre intelectual
Arturo Uslar Pietri. Dentro de ese horizonte, un fantasma recorrió el espíritu
de una élite que vio en el oro negro la catástrofe de la Venezuela del
porvenir. En el pasado la imagen del cacao, del café, del cacho y de la vida
agraria y pastoril. Un pasado telúrico y bucólico que comenzó a desaparecer
ante la inminencia de una nueva riqueza, el oro negro se agotaría y sus resultados materiales y
culturales serían nefastos para el país. Un temor que encegueció a esas
minorías impregnadas de la poética bellista
y virgiliana. Para esas élites, el desastre estaba por llegar. En ellos, en
definitiva, un drama vital, una tragedia histórica se avecinaba. En todo caso,
había que impedir que eso llegara: el minotauro nos devora y engulle. En su
imaginario el símbolo salvacionista: una frase que se irradió en sus miradas:
sembrar el petróleo. Así el camino, la deidad y una vuelta a la madre egea. La
Venezuela vegetal en palabras del novelista y cuentista Ramón Díaz Sánchez. En
fin, para los economistas la Venezuela fisiocrática. Una visión economicista,
productivista y excluyente. Todo el ingreso petrolero a la tierra. El hombre de
carne y hueso fuera de esa fórmula.
No obstante, Don Rómulo Betancourt,
padre de la democracia, desde una perspectiva política e ideológica enriqueció la frase sembrar el petróleo como una vía no solo para
promover el proceso de
modernización del campo y la ciudad sino también para el fortalecimiento del capital social. El
petróleo como una inversión para estimular las ramas de la economía y para
generar beneficios sociales a los
venezolanos. Es decir, El hombre de
carne y hueso debía gozar de buena salud,
tener vivienda y trabajo todo ello fruto de los ingresos petroleros. Toda esa dinámica histórica, en el
marco del capitalismo, de la
democracia, bajo la impronta del Estado, del petróleo y la planificación
(1945-1948).
Sin embargo, la década militar 1948-58 fue el momento histórico en que la frase
sembrar el petróleo dejó de tener sentido histórico, por cuanto las
elites políticas y militares develaron a través de las estadísticas que el petróleo
venezolano tendría futuro para unos cuántos siglos. De allí pues, se disipó el
temor de su escasez y de su agotamiento. Por lo tanto, la frase sembrar el
petróleo para los hombres de la década militar fue una frase, una
idea peregrina primitiva, telúrica y campesina. Se sostiene la hipótesis que Venezuela
asume conscientemente convertirse en un país auténticamente
petrolero al disiparse el viejo temor del catastrofismo y el salvacionismo. En
ese sentido, el petróleo en la vida material, social y cultural del país sería una
fuerza histórica, como un todo orgánico,
como
un árbol con sus raíces y sus ramas que estimularía la vida económica y
social del país. En otras palabras, el petróleo no como un medio complementario,
auxiliar o un simple acompañante sino un poder
totalizante que
transformaría la vida
económica, social y cultural de
la nación. Como lo diría el Dr. Rafael
Caldera en un discurso en el año 1955 donde expuso la frase “dominar el
petróleo”. El petróleo no como un enclave sino integrando, dinamizando y
conectándose con la diversidad de la riqueza
minera y natural de la Provincia
de Venezuela. Una visión
histórica que trascendería la
vieja forma de cómo abordar el
petróleo más allá del pesimismo y
catastrofismo que despertó la
metáfora sembrar el
Petróleo. Vivir del petróleo
y aprovechar al máximo sus ventajas comparativas y competitivas para impulsar el desarrollo económico
nacional sin el sueño del paraíso, de la tierra prometida, de la
tierra vergel, bucólica y telúrica,
que ya había anunciado el pensador venezolano César Zumeta al
General Juan Vicente Gómez, en el año de1923.
Como se puede apreciar, un reto histórico
que asumió la década militar. Sin embargo, en la era democrática se impuso la política de no más concesiones
petroleras acompañado de un moralismo exacerbado que se tradujo en la expresión
popular “el petróleo, excremento del diablo”. Esto constituyó la renovación del
viejo discurso con una carga ética y unos
adjetivos que hicieron daño al país. En otras palabras, la demonización
del petróleo como el estiércol del diablo, la maldición del diablo y la conserva
del diablo. Es decir, el petróleo el responsable de los problemas económicos de
la nación. Una élite que de nuevo impulsó la tesis peregrina de volver al
paraíso y al edén lejos del petróleo. A esto, se añade otro enfoque
que se ha divulgado a lo largo
y ancho del concierto de las naciones: la tesis de la maldición de los recursos naturales. No
es posible que en estos tiempos se continúe con las ideas pesimistas sobre una
riqueza que, para bien o para el mal
hace 166 años (1859-2025) cambió
para siempre la historia universal. Hoy en Venezuela, el nuevo
dorado, La Faja petrolífera del Orinoco significa el fin de la célebre
frase “sembrar el petróleo”.
