Ormuz ya no asusta
a nadie (Daniel Lacalle)
Ramón Rivas Aguilar
Las viejas palmeras datileras,
sombrean
Los rostros de
los arrogantes y derrotados
Hombres de
la antigua persa.
Ciro, el grande
y sus herederos, del vasto
imperio persa, con la pretensión
imperial de imponer en el ánima de Occidente sus divinidades y
héroes, hijos del dios Zoroastro. Es decir, la orientalización del otro
lado del hemisferio. Solo que la
fuerza histórica del mundo griego, la fuerza de la libertad, de la dignidad ante
la barbarie, provocaron una derrota
histórica, en aquellos mares, desiertos
y montañas, con la mirada
silenciosa de las aguas misteriosas del estrecho de Ormuz. Sí. Ormuz, con sus aguas y sus palmeras datileras, la
ruta antigua del intercambio mercantil entre
Oriente y Occidente, en manos de
los portugueses, en el siglo XV.
En el siglo XX,
el mundo persa, en una nueva expresión
idiomática: Irán, la tierra de los
iranios, la tierra de los nobles, en afán de venganza histórica, la ilusión de las élites religiosas y
militares de poner fin a la civilización Occidental que permanece en sus espíritu
con el entusiasmo
que derivó de la revolución de 1979. En otras palabras, de vuelta los
dioses del supremo Zoroastro, con las
ramificaciones del islamismo. El sincretismo teológico y religioso del mundo Persa y Árabe. Así, pues, entre 1979 y 2026, el
gran proyecto imperial y toda una infraestructura teológica, religiosa, científica, tecnológica, industrial, cultural, con
el chantaje del poder del hongo
nuclear y toda una red de fuerzas irregulares. Así, la guerra
asimétrica, merodeando en el plantea, con el fin último
de socavar las bases de la civilización Occidental. Cuatro décadas, en
ese afán vital, en esa trayectoria histórica, comenzó a descalabrarse con el gran poder del imperio americano y ese
pueblo gigantesco de la historia
universal, el pueblo judeo –cristiano.
Sí. Dos poderosas naciones en defensa de los valores de la
cultura occidental contra la barbarie y todas esas modalidades de
pueblos y naciones del mundo europeo, Oriental y de América latina que con su
actitud débil, cobarde han sido complaciente con el totalitarismo oriental.
Sin duda alguna, Irán,
poderoso, arrogante y soberbio, vive una catástrofe histórica,
difícil levantar su voz contra Occidente. No obstante, en sus manos un arma gigantesca. Según, sus analistas
políticos, capaz de doblegar el comercio global con unas
consecuencias históricas, devastadoras para la
economía de las naciones. El control del
Estrecho de Ormuz, el arma geopolítica que pondría en peligro el comercio mundial con la
consecuencia de un aumento de los
precios del petróleo y unos impactos inflacionarios que provocarían situaciones graves para el
mundo. Una visión equivocada y un error estratégico. El liderazgo iraní nunca
evaluó que un bloqueo total del Estrecho
de Ormuz afectaría las
exportaciones e importaciones de Irán.
Un golpe mortal, por un lado. Por otro,
a su gran aliado, China, la más afectada en ese tablero de ajedrez
geopolítico ha tenido que comprar a Rusia el petróleo a precios altos.
Frente a ello, Qatar y Arabia saudita, como alternativas para suministrar petróleo al mundo sin pasarlo por el estrecho de Ormuz.
De igual modo, los iraníes, nunca
evaluaron que se estaban enfrentando a una potencia mundial como los EEUU. El imperio más poderoso de la historia: el
primer productor de petróleo y gas del mundo;
el primer exportador de petróleo y gas; el primer exportador de keroseno del mundo; el segundo exportador
de fertilizante del planetas; el primer
productor de energía nuclear; la primera potencia militar, científica y
tecnología y con la IA que representa un nuevo escenario fascinante y
cautivante. Además, cuenta con el petróleo del norte de África, de México, Canadá y, sobre todo, con la fuente petrolera más rica, en reservas, el caso de Venezuela. Esta, última pieza fundamental del tablero de la geopolítica global. Las Américas,
con la grandeza histórica de su cumbre
(2026), cuya dinámica histórico- política se encamina hacia el republicanismo y el libre mercado, el
capitalismo, la alternativa y el ocaso ideológico del socialismo del siglo XXI,
del Wokismo y progresismo y reseteo
global. Entre otras posibilidades, Groenlandia, parte esencial del marco geopolítico de los Estados Unidos,
un freno a la expansión imperial de china y Rusia. Sí. Lucha de gigantes, de titanes
de los grandes imperios que están marcando el destino vital de la civilización Occidental, en la que Irán, el viejo imperio persa, excluido de esa
pelea visible e invisible entre China y
Los EEUU. Un juego de equilibrio de
poder imperial, una unidad de
contrarios, una síntesis del ritmo de la
cooperación y la competencia, más allá
de la trampa de Tucídides y donde el sueño del viejo imperio persa(Irán) sería un retorno a las frondosas palmeras que soplan en los rostros de los derrotados históricamente.
Sim embargo, vanos esfuerzos por
demostrar al planeta de una
fortaleza difícil de extinguir. Aún, así,
se levanta una alianza histórica entre las naciones del Medio
Oriente, China y los EEUU, en
una estrategia global basada en el fin del poder nuclear de Irán y la total
apertura del Estrecho de Ormuz para el libre
desenvolvimiento del comercio
mundial.
Dentro de ese parámetro del
tablero geopolítico global, EEUU Y China, las dos grandes superpotencias del
planeta, que hoy marcan el ritmo
histórico de un proceso complejo en el ámbito de la singularidad y
del capitalismo. La era de la post-historia
con gigantesca transformaciones y mutaciones en la especie humana como biología y como espíritu, con cambios
profundos en la manera de cómo y de qué
forma se está produciendo riqueza
desde una perspectiva material y cultural.
Por tanto, el estrecho de Ormuz ya no asusta a nadie, en palabras del prestigioso economista y experto en finanzas
y negocios, Daniel Lacalle. En ese
sentido, Venezuela, una de las piezas
gigantescas del juego del tablero
geopolítico mundial, en esa dinámica planetaria comienza a jugar un papel estelar en el fascinante y cautivante mundo de las
energías en el marco de un proceso
republicano, civilista y auténticamente democrático.
