Arturo Uslar Pietri (1901-2001)
Biografía Intelectual
Itinerario de su Pensamiento Económico (1936-2001)
Ramón Rivas Aguilar
A
propósito de su célebre frase sembrar
el petróleo (1936-2026)
Hace noventa años
“Lo peor que podríamos hacerle a Uslar es repetir como
loros sus pareceres” (Ramón Piñango. “La necesidad de discutir a Uslar”, El
Nacional, 15-03-2001, A-10)
En el novelista y cuentista venezolano (1906-2001), Arturo
Uslar Pietri, el sueño de la tierra prometida,
el edén en la poética de Andrés Bello y su padre originario: el mito
fundacional (Julio Miranda). Su esperanza en una riqueza minera, producto del orden natural, finita, no
renovable, el milagro que
permitiría al intervencionismo estatal echar los cimientos de la Venezuela Post-petrolera. La Arcadia del Caribe. Dicho
de otra manera, Sembrar el Petróleo,
su padre intelectual, Arturo Uslar Pietri, (1936), el motor de la
creación de la Venezuela agraria. Una
frase histórica, en una nación que vive de
las frases, como la de
Sembrar el petróleo, una
creencia que arraigó en el ánima
tanto de gobernantes como gobernados. Es decir, Sembrar el
petróleo, una frase histórica, que apareció publicada por primera vez, en
el editorial del periódico
Ahora, el 14 de julio de 1936,
hace 90 años. Un alerta a una
Venezuela que iría al desastre
histórico, a una hecatombe, a una
catástrofe, como resultado de una riqueza, como el petróleo, finita y
que se podría agotar en cualquier momento.
Una riqueza que se estaba consumiendo
física y económicamente, cuyas consecuencias
serían grave para el destino, para el futuro de la Provincia de Venezuela. Un temor, un horror
en alma de ese intelectual
que lo llevó a pronunciar la frase sembrar el petróleo, la salvación nacional. Sí. Prisa
histórica, prisa histórica. Ese rol le correspondería al poder del
estatismo, un capitalismo de Estado para estimular una economía productiva, diversificada no rentista, que en el horizonte significaría nuestra
independencia del oro negro. Era el
sueño de un hombre, de un país, de hombres y mujeres, de esta bella geografía, el retorno a la Venezuela fisiocrática, la madre egea, entretenida con la diosa Deméter, con el goce
divino de mirar en los avernos la fuerza brutal y endemoniada del minotauro y el silencio de Casandra. Hoy, Venezuela nada en petróleo, demolida,
sin las fuerzas poderosas de su
republicanismo, de su urbanismo y de su
industrialismo. Para el autor de la novela
El Dorado, no se sembró
el petróleo y, como consecuencia,
la Venezuela del siglo XX un fracaso histórico. Una mirada, una interpretación, de un protagonista, de un intelectual del
siglo pasado, que amó a su país y
mantuvo su compromiso político
para lograr la gran empresa
nacional que tanto le obsesionó: Sembrar el petróleo con el
objetivo de restituir a la nación la Venezuela Post-petrolera, en
esencia el mito fundacional de la
poética de Andrés Bello: la agricultura de la Zona Tórrida. La introyección y la proyección de una imagen
edénica como parte esencial
de la vida intelectual y
espiritual de un país en el que
ningún venezolano de ayer y de
hoy escapó
al influjo de esa metáfora
que aún persiste en el tiempo. Entre
luces y sombras, gústenos o no, para bien o para mal, Arturo Uslar Pietri, el intelectual de mayor impacto en la
historia del pensamiento económico petrolero
venezolano del siglo XX. No hay otro
que tenga una obra intelectual
sobre la cuestión petrolera y su impacto en la vida nacional, como
la que desplegó Arturo Uslar
Pietri a lo largo del siglo pasado hasta su muerte. (Para esto,
ver: Ramón Rivas Aguilar el ensayo: Arturo Uslar Pietri
y la compresión de la economía venezolana). En efecto. Fue el primer venezolano en
definir la naturaleza conceptual
del petróleo. Sí. El petróleo un capital natural, un activo finito, un recurso
natural no renovable, cuya valoración económica dependía de una forma de
valor intrínseco, nada que
ver con la renta, con el trabajo
y el capital. En ese sentido, su origen, su esencia,
su naturaleza era de carácter no
rentista. Con esa definición,
comenzaba en el país de forma
sistemática la génesis y la proyección
de la ciencia económica en Venezuela
(1938). La economía política del
petróleo como una riqueza natural, nada
que ver con la renta, el trabajo
y el capital. En esa perspectiva,
izquierda y derecha, adoptó esa
definición, como un arma política e ideológica
para justificar la captura de
los ingresos petrolero como una fuente legitima no rentística contra el capital
petrolero internacional. De igual
forma, fue el primero en
plantear una política económica
mediante la imagen sembrar el petróleo: cómo y
de qué manera se debía orientar los ingresos petroleros. Es decir, el petróleo
motor de una sociedad productiva
no rentista. La Venezuela productiva.
Una visión ética para promover
de buena manera los ingresos petroleros,
evitando así sus efectos perversos: despilfarro, corrupción e inmoralidad.
Dentro de ese horizonte,
era necesario una política fiscal, un tipo de cambio, una política monetaria y una política
comercial en sintonía con el propósito central de sembrar el petróleo: una sociedad post-petrolera.
En ese marco, conceptual y ético, economía positiva y ciencia normativa, lo que es y lo que debe ser, estableció
una nueva forma de periodizar la historia económica de
Venezuela, a partir del petróleo: la
Venezuela anterior al petróleo, la Venezuela real, la Venezuela petrolera y la Venezuela Post-petrolera. Finalmente, una filosofía
de la historia que estaría enmarcada en forma circular, una especie de eterno retorno, una visión cíclica, como
producto del impacto del petróleo
en la vida nacional. El fin último de su
reflexión intelectual sobre el origen y el destino del petróleo
en la vida de la nación, era a partir del petróleo retornar al desarrollo de una agricultura capitalista,
una sociedad fisiocrática. El tipo
de sociedad producto de una riqueza
productiva, permanente e infinita. De alguna manera, restituir el mito fundacional sobre
la agricultura, tan poetizada en la obra de Andrés Bello.
En fin, Arturo Uslar
Pietri, el novelista, el
cuentista, el político, el periodista,
el que más influyó en la génesis y la proyección del pensamiento económico petrolero
en la vida nacional. En su trayectoria vital, en su mundo histórico nacional e
internacional, delineó desde el punto de vista intelectual una reflexión compleja sobre el origen y el
destino del petróleo en la Venezuela del siglo xx. Ningún como
él, logró abordar la cuestión
petrolera en las más diversas
dimensiones del mundo económico, bajo la impronta del oro negro. Así, en su recorrido intelectual las líneas clásicas de la economía: ciencia económica
(economía positiva), economía
normativa, ética (política económica),
historia económica (las tres Venezuela) y una filosofía de la historia
(una visión cíclica, no lineal del
proceso económico venezolano). En
efecto. El petróleo un capital natural no rentista; sembrar el petróleo; la
Venezuela real, la Venezuela petrolera y la Venezuela Post-petrolera y vuelta a la madre egea: la Venezuela
fisiocrática, la agraria y la
pastoril capitalista.
No obstante, su pesimismo histórico que tejió alrededor de los temas centrales de la cuestión
petrolera, al señalar de forma
sistemática de cómo la Venezuela del siglo XX había fracasado históricamente porque
no se había sembrado el
petróleo. El mejor argumento contra esa
falacia histórica, es que la
Venezuela del siglo XX, con sus luces y sombras, fue el éxito histórico de mayor
trascendencia del proceso venezolano desde que llegaron las primeras oleadas humanas hace 15.000 antes de cristo. El Estado y el petróleo y una voluntad
política cimentaron las bases de la
República, del liberalismo, de la
democracia, del urbanismo y de la industrialización, por un lado. Y, por el
otro, un papel estelar extraordinario y gigantesco en el escenario geopolítico
de la civilización occidental. Con sus alcances, limites, contradicciones y
paradojas, grandeza y miseria, La Venezuela
del siglo XX, lo mejor de
nuestra historia. Ni Bolívar, ni la emancipación y la guerra federal, nada comparable históricamente con lo que significó Venezuela en el siglo xx y en el mundo. Nada
comparable.
Al final de su
vida, un paso tímido hacia una economía
de mercado, dejando atrás sus
creencias estatistas e intervencionistas como
palanca para estimular su gran
sueño histórico: la Venezuela
post-petrolera. En esa
trayectoria intelectual, cambios significativos
sobre los temas petroleros, en la era global. Seguramente. Se
pudo erigir como la figura histórica en defensa del l liberalismo, del
capitalismo de libre mercado, del federalismo, dejando en el paso
sus rezagos de la cultura del
intervencionismo. Quedó a medio camino.
Todo lo contrario de dos intelectuales de gran prestigio en
el pensamiento liberal de América
Latina: Carlos Rangel y Mario Vargas Llosa.
