Vargas Vila y su visión de la historia

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Vargas  Vila  y su visión  de la historia

 

Ramón Rivas Aguilar

 

Nació, vivió y murió (1860-1933)

 

Lo conocí   en  La  sabana  de los  Dioses: Santa  Rosa de Carvajal, la Sabana  de los Robles en una tarde, por aquellos días,  en el Bar Las brisas  de las montañas,   del entrañable  amigo Kamba,   ubicado,  en la Loma del Medio. Así, en la vieja Rokola de ese bar, escuché  el inquieto  Anacobero, Daniel  Santos, con  su  voz aguda que asomó entre sus labios  la célebre canción sobre Vargas Vila: El colombiano. Tendría unos catorces años, cuando  escuche  esa canción,  impactando  mí ánima, que se convirtió  en el punto  de referencia   intelectual    para combatir  al imperialismo norteamericano, los nuevos amos  del imperio romano.  Días gloriosos: la ilusión de la tierra prometida que se fue con  el  tiempo con el anuncio  profético  del fin de la historia.


Lo fundamental  es develar  su pensamiento  sobre la historia y  parte de la premisa  de que “todo  adorador de la verdad,  siente la necesidad  de hacer de la luz  sobre un campo  determinado de la ciencia”. Así,  una ciencia sería la historia. Entonces, se pregunta  ¿A dónde  mayor suma  de impostura acumulada, de impostura  y de injusticia, que en el seno de la historia? En ese sentido, la historia, un medio, un instrumento  al servicio de los reyes, de los dictadores, tiranos y déspotas.  Por eso,    “ …, la historia  ha sido  deshonrada por los historiadores…,  que han servido  en contubernio los crímenes de la tiranía;  no son los crímenes de la tiranía  lo  que asombran:  son los crímenes de la  de la historia; cómplices  vil  del despotismo…”


Por lo tanto,  “la historia,  un verdugo asalariado  de la libertad: un instrumento de los vencedores contra los vencidos;  un voceador  de renombres sangrientos  y de glorias asesinas;”:


Una muestra de ello, según el panfletario colombiano,   la historia de Roma, escrita por sus verdugos,  asalariados,  vergonzosos,  olvidando  a los grandes héroes de la libertad. Así, se puede apreciar la obra  de Tácito, Suetonio,  Plutarco y Plinio. Según Vargas Vilas “Fonógrafos  del delito;.. Hombres sin almas,  los aduladores  del cesarismo. Hoy,  unos cuantos  imitadores de los nuevos tiempos históricos, en la pequeña Venecia,  la Provincia de Venezuela. Todos ellos, en la mirada del  poeta del Magdalena,  se consagraron   hacia  “la divinización  de los amos en la tierra;.. Los amos lo llenan todo;  los pueblos, no tienen  casi lugar  en la tierra...

 

 

Entonces,   “Como  hacer  Historia”,  en el horizonte vargaviliano. Cómo.  “escribiéndola  sin esa ley  de la genuflexión  ante el poder,.. Fuera de ese cesarismo  de las letras, que se llama el culto de la tradición y,  de los clásicos…Nuestra educación,  es una educación de servidumbre, porque es una educación de tradición. Esas generaciones de eunucos mentales, al furor apasionado  de los clásicos,  para que beban  en ellos, la admiración del despotismo, y, el  odio ciego a la libertad. De allí, pues,  hagamos libros, fuera de esos despotismos”,  sentencia  el patriarca libertario de  Hispanoamérica, Don Vargas Vila.


 En  esa mirada  de cómo  concebir   los fenómenos históricos,   para el libertario hispano,   son  dos  los factores que mueven la historia:   la pasión  de la autoridad y la pasión  de la libertad. Para él,  la historia antigua,  fue la historia escrita  al servicio de los cesares.  Entonces, de lo que se trata  es  la de revalorizar la historia de la libertad. No hay otra manera   de   examinar  la historia sino   desde  esa perspectiva. Por lo que  en la “historia  no hay  nada nuevo. La originalidad,  es imposible  como en todo;  los hechos  se cuentan  no se inventan. Ahora bien,  se pregunta ¿en dónde  pues el alma  y la novedad  de la historia? En el concepto del historiador; contar un hecho; he ahí el narrador;  contar el hecho, he ahí  el historiador; he ahí:  porque el concepto, es el alma  de la historia; y,  la  historia toda ¿frente  al hecho, llamado  tiranía  el historiador  aplaude; … el historiador reprueba el hecho  tiranía;  he ahí : el concepto  liberal de la historia … ese hará un texto  en una escuela  de hombres libres.


Así, pues,  “el  historiador… no puede dar, sino dos cosas… en su obra: un estilo y su concepto; es decir,   su arte y   su alma;… puede haber libros  sin arte; pero libros sin alma;  pero  he ahí  que no acepta la historia,.. Su alma,.. Su conciencia,.. Llena de pasiones nobles: la cólera, la justicia,  la verdad”. De manera, pues,  que para  Vargas Vila  erradicar la pasión  en quien hace historia,  una estupidez.  ¿Quién  habla  de suprimir  la pasión, en historia? “Tanto  valdría   suprimir el alma del historiador”,  en el ánima del insigne escritor colombiano.  En otras palabras,  la imparcialidad no cabe en la mirada historiográfica  de Vargas  Vila.  Eso,  significa…”impotencia; la impotencia absoluta de sentir…la imparcialidad, no es  sino la máscara  cobarde de la historia… el espíritu humano, es natural apasionado, sin pasión no hay virtud”.  Así, rechaza a los sacerdotes que predican la imparcialidad,  lo  cual representa guerra a la pasión y, como consecuencia  a la historia.  La historia  está imbuida  de pasión.  Sin pasión no puede haber historia.  “Los hombres  y los hechos,  no pueden  describirse  sino con pasión,.. Sí. “El genio, es la pasión”. Por lo que “ no deis libros  sin pasión,  son libros sin alma; lejos  del sol de la verdad, y  de la caricia  luminosa de la vida; los libros sin pasión  son un puñados  de cenizas, libros  de muerte   y para  los muertos,  que se encuentran  en la confluencia  del silencio y del olvido, sobre el río de la eternidad;  obras de vida  no son esas cosas;  ni viven… la esterilidad  es su destino”. En tal sentido,  obras de la vida, narradas por grandes figuras de la historia  de interés vital para el espíritu  humano: “apasionados  por la epopeya, en  homero;  por la  patria con Píndaro;  por la justicia,  con el Dante; por la libertad, en  Alfrei;por el derecho,  con Hugo;”.  Allí, en esas almas maravillosas,  la pasión, la elocuencia, la esperanza, “sed de apasionados, porque eterna  es la pasión”, con  los misterios de la inspiración... Es decir,  “El calvario   de la  justicia sobre la tierra;  eso es la historia”. “Luchar siempre y no reinar jamás; ¿ese  es,  por ventura  de la libertad?  Por esto,  el pasado histórico del mundo romano,…”que merece  la admiración  de la historia  por su grandeza,  no merece  sino   la compasión de la historia,  por su esclavitud”. Un pasado   histórico  que se reproduce en aquellos   días  del vasto imperio americano y de los cesarismos tropicales, en el verbo lacerante  del escritor colombiano.  Para él,  “Ya  tienen  un César; Roosevelt;  el cesarismo   ha sido declarado  hereditario; la marca  del cesarismo y el pretorianismo…. Empieza a montar allí;”  Entonces, cual es el camino  para  esta figura literaria,  que no tuvo  piedad  contra los poderes  celestiales y terrenales, imbuidos  de cesarismos. Solo   el sendero del heroísmo y la esperanza,  el destino  del hombre  en la lucha por la libertad.   El hombre, los hombres,… los únicos  capaces de sentir  y de admirar,  el estremecimiento  de la libertad,  a través de las páginas  de la historia.


 En fin, una lección histórica  para estos tiempos  de complejidad e incertidumbre,  en la que  la Provincia  de Venezuela,  en esa búsqueda vital, en ese    afán por   conquistar la libertad  contra  la autoridad,  en la que  los aduladores del pasado  se entre tienen  con su lenguaje  adornando y adulando  con sus  relatos   las fuerzas   del cesarismo, del pretorianismo, del personalismo,  toda  la carga   del simbolismo que se desprenden   de la épica, del guerrerismo, personalismo y  caudillismo  de los viejos libertadores.  Historiadores,  en esa faena  de los sofistas,   con  la tarea indigna  de  rescatar  el autoritarismo   contra la libertad. José María Vargas Vila,  en su  anima   la libertad  la ruta que hace a los hombres  libres y dignos,  con  la historia  que relata   los momentos estelares  de la lucha contra el  despotismo.

 

 


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